Analizamos el juego lanzado en el año 2005 para la primera Xbox.

Nunca he sido un super-fan, pero siempre me han gustado los juegos de Doom. El concepto de juego accesible y muy disfrutable es sin duda lo que hace que sean tan atractivos para el gran público. Una vez que pasas unas horas destrozando demonios del infierno comienzas a darte cuenta de que bajo esta aparente simplicidad subyace un toque de profundidad que nos mantiene pegados al mando durante horas y horas

Así pues, nos trasladamos al año 2005. Apenas falta un año para que llegue la nueva Xbox 360 y los chicos de Vicarious Games (más conocidos por haber sido los responsables de remasterizar la saga Crash Bandicoot con N. Sane Trilogy) son los encargados de llevar a cabo la conversión a la primera Xbox de Doom 3, la nueva entrega de la saga que había salido un año antes en PC. 

Doom 3 es considerado como una rara avis dentro de la franquicia, como si fuera la oveja negra de la familia. Después de los lanzamientos de los dos primeros juegos, llenos de acción, sangre y ritmo, el tercero decidió cambiar de dirección y probar otras vertientes de juego. En pocas palabras: Doom se había convertido en un juego de terror propiamente dicho. De una franquicia famosa por ofrecer experiencia de calidad en el género de los shooters de acción, surgió de repente un survival horror que rompió los esquemas de muchos fans. 

Año 2145, Marte. Llegamos a una base de investigación de la UAC (United Aerospace Corporation), para investigar una serie de sucesos inquietantes que están ocurriendo y que dejan claro que algo no anda bien. Muchos de los empleados afirman haber escuchado ruidos extraños dentro de la base, gente que desaparece de la noche a la mañana e incluso algún que otro “accidente” mortal. Así pues, llegaremos descubrir varios de los secretos que albergan los Laboratorios Delta, dirigidos por el malvado Dr. Malcolm Betruger, que se está encargando de traer a las fuerzas del infierno para esclavizar a la humanidad. Shit just got real. 

Uno de los primeros aspectos “diferenciales” de Doom 3, es que esta entrega se apoyaba mucho más en una trama argumental que sus predecesores. Según íbamos avanzando en la campaña se nos iba proporcionando mucha información que nos ayudaba a entender qué “demonios” estaba pasando en Marte. Todo esto se apoyaba además en conocimiento extra de todo tipo, como si de un RPG se tratara, que íbamos encontrando en los escenarios del juego y que podíamos visualizar con una especie de PDA. La mayoría de esta información nos llegaba en forma de correos electrónicos de los trabajadores y vídeos, pero estos ciertamente aportaban mucha información interesante sobre el universo del juego. Además, en esta entrega se potenciaron los encuentros con otros NPC aliados que no habíamos visto en las anteriores entregas.

Doom 3 nos quería meter de lleno en un entorno claustrofóbico, oscuro y amenazante. Se acabaron los enemigos hipervitaminados de las anteriores entregas, reemplazados por criaturas repugnantes y terroríficas que verdaderamente parecían venir de los abismos del mismísimo infierno. Las armas escaseaban, así como las munición (un aspecto muy típico de los survival horror), lo que significaba que en algunas ocasiones debíamos casi huir de los enemigos y no entrar en las salas como un elefante en una cacharrería, como sí pasaba (y sigue pasando) en la saga.

Dicho esto, esta entrega no parecería formar parte de la franquicia Doom si no fuera por la aparición del clásico BFG 9000 y su arsenal. Sin embargo, en Doom 3 pasará bastante tiempo hasta que podamos echarle el guante. La mayoría de las otras armas típicas de la saga también aparecen en el juego de una forma u otra, pero incluso con la más “tocha”, en esta entrega nunca dejaremos de tener esa sensación de “no estar seguro” que nos persigue todo el juego. 

Esta tercera entrega estaba también llena de pasillos estrechos con una cantidad interminable de demonios esperando para saltar sobre nosotros. Esto fue algo que reforzaba la sensación de amenaza, ya que rara vez podíamos escapar sin sufrir daño, algo que iD Software pretendía que sintiera el jugador.

En cuanto al apartado gráfico, el juego se veía muy bien. iD Software hizo un gran trabajo al crear una base no terrestre invadida por demonios, con iluminación limitada y muchos rincones donde cualquier cosa podría estar aguardando. Para ponerle las las cosas aún más amenazantes al jugador, solo podíamos usar el arma o la linterna, pero no podíamos usar las dos a la vez. Esto hizo que, el hecho de saber que podrías tener que cambiar de la linterna al arma en cualquier momento para defendernos de un demonio, se convirtiera en una experiencia totalmente aterradora. 

Doom 3 es un título diferente y que puede no gustar a los fans más acérrimos de la saga, pero es una apuesta que sin duda valió la pena. Habían pasado siete años desde que Doom 64 fuera lanzado al mercado, el último titulo de la saga Doom hasta que salió la tercera entrega, por lo que estaba claro que la franquicia debía adecuarse un poco a los tiempos en los que estaba y hacer algo un poco diferente. Lo que sucedió pudo levantar muchas criticas, pero demostró que Doom no era una licencia que no supiera adaptarse al tiempo. 

Para mí, eso es lo que hace a Doom 3 uno de los mejores juegos de toda la saga. Es un juego totalmente diferente a la norma, pero aún así podemos percibir que claramente es un juego de Doom. Si alguna vez te has topado con un “he oído que este no es tan bueno como los otros” o “esto no es Doom”no hagas caso y pruébalo antes de crear una opinión sobre este titulo. Siempre que tus nervios sean de acero y no seas una persona muy asustadiza, eso sí. 

Doom 3 está disponible en Xbox One gracias la retrocompatibilidad con la primera Xbox y además ha sido mejorado para Xbox One X (pincha encima para comprarlo)

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