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Como la música clásica inspira todas esas bandas sonora que crean mágicos envoltorios en títulos como Ori and the Will of the Wisps

El próximo 11 de marzo de 2020 llega Ori and the Will of the Wisps, la esperada secuela de uno de los títulos más relevantes del catálogo de Xbox One. Este juego además estará disponible, desde su estreno, en el servicio Xbox Game Pass para el uso y disfrute de todos los suscriptores. No obstante, el tema que nos atañe hoy es como la música convierte un buen producto en uno premium.

Este texto es un pseudo-análisis de un tipo cualquiera que aprecia el arte audiovisual. Por ende, no os toméis lo expuesto como una verdad indudable sino más bien como una interpretación personal.

Si echamos la vista atrás podemos recordar grandes juegos por su bandas sonoras, y estas tienden a ser orquestales. No es una coincidencia, pues si bien los géneros electrónicos y de otras índoles también dejan mella, por algún motivo la música de corte orquestal tiene un componente más sentimental. Posiblemente sea por la combinación de tantos instrumentos y disonancias en una melodía más compleja.

Si buscáis historia y análisis del uso de la música clásica en la cultura popular, todo se resume en la reinterpretación de una misma pieza desde múltiples reproducciones. Es decir, un hito del verano está diseñado para gustar rápido y pasar al siguiente, mientras que la música clásica apuesta por la complejidad, lo cual desemboca en nuevos matices cada vez que se escucha la misma pieza.

Si tomamos el párrafo anterior como preludio al razonamiento siguiente, podemos entrever como, efectivamente, un buen juego pasa a ser una obra premium con el acompañamiento musical adecuado. Por lo tanto, una composición de corte clásico o sencillamente basada en instrumentos múltiples genera profundidad y permite escuchar una y otra vez las mismas melodías sin llegar a cansarnos.

Todo esto lleva a disfrutar de los recuerdos del ayer sencillamente escuchando una banda sonora en spotify o deezer (o el servicio de música que uséis). A diferencia de los videojuegos, la música es un producto atemporal, que si bien puede remasterizarse para mejorar la calidad, no necesita volver a ser grabada para sobrevivir al tiempo.

Con toda esta verborrea que he soltado lo que quiero decir es que Ori and the Blind Forest conserva un lugar en nuestro corazoncito no solo por su gameplay y ambientación, sino gracias a su banda sonora. Por lo que no es de extrañar que desde Moon Studios hayan dedicado tiempo y esfuerzo en hacer una secuela con una orquesta completa para generar un nuevo producto que trascienda al tiempo, aun cuando no podamos jugar al título.

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1 Comentario

  1. Discrepo con que los videojuegos no son a temporales. Los grandes videojuegos, al igual que el resto de obras de arte, pueden llegar a serlo y trascender el tiempo a través de diferentes generaciones.

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