Adéntrate de nuevo en las profundidades del infierno para derrotar al infame Icono del Pecado

Cuando pienso en videojuegos siempre se me vienen a la mente los clásicos que me hicieron amar este hobby, y uno de ellos, con permiso del padre de los Shooters en primera persona (Wolfenstein 3D), es Doom. Cuando pude instalar en mi antiguo PC Doom II (me salté el primero pero oí maravillas de éste) vía tropecientos mil disquetes de 3.5 no podía dejar de flipar. La sorpresa, el terror y la satisfacción de reventar hordas demoníacas fueron todo un descubrimiento para mi en ese momento.

No podía dejar de jugar, gastando horas y horas de mi tiempo de estudiante, pasando noches en vela y destrozando el teclado dando lugar a las protestas airadas de mi señora madre. El diseño loco de sus laberínticos niveles, sus secretos llenos de tesoros para los jugadores sedientos de poder, y esos enemigos que protagonizaban mis pesadillas videojueguiles, formaron parte de mi vida a partir de ese momento. Desde ese instante me convertí en fan de Bethesda, de John Romero y de los FPS con ambientación oscura.

Doom ii

Cuando jugué al reboot de DOOM en 2016 (lo compré de salida y con los ojos cerrados) tenía algunas dudas sobre si no se alejaría demasiado de las dos primeras entregas que tanto me tocaron la fibra. Pronto se disiparon las dudas, y aunque el cuento había cambiado un poco, tenía la misma esencia. Regalaban, curiosamente, DOOM y DOOM II con la compra de la nueva visión de Bethesda, y me dio por rejugarlo. Admito que la nueva versión me tenía tan atrapado que no les presté mucha atención.

Y en este punto estaba la duda. Por el 25 aniversario del juego infernal, han llegado a Xbox One las tres primeras entregas. Yo os hablaré de las sensaciones con DOOM II, el cual trae consigo 20 nieves extra editados por la comunidad y supervisados por Bethesda. Así que por horas de tiroteos y masacres infernales no será.

Doom ii

Al principio tenía dudas, ya que un juego de hace tantos años no luce ni en mecánicas ni en aspectos visuales como los títulos actuales. Pero para mí sorpresa debo decir, que a pesar de su simpleza hay belleza en el trabajo de Romero. Te atrapa al instante y aunque de vez en cuando haya que sacarse algún pixel del ojo, me di cuenta de que estamos algo malcriados en estas últimas generaciones. ¿Que por qué digo esto? Ayudas. Interminables ayudas visuales y narrativas que “nos quieren hacer la vida más fácil jugando” y que nos hacen olvidar para que son los videojuegos. Si, para hacernos sufrir, para pasar un mal rato e intentar superarnos, a aprender que nuestros fallos acarrean consecuencias y que debemos prestar mucha más atención confiando en nuestro instinto y sentidos.

Por lo demás, que más puedo contaros de DOOM II que no haya escrito algún monstruo de la comunicación… Pues eso, laberínticos mapas, sangre, vísceras pixeladas y literalmente el infierno en la Tierra. Si mueres, sorpresa, pierdes tu arsenal; esa preciada fortuna acumulada tras machacar enemigos, escudriñar las salas en busca de secretos ocultos o llegar (sin saltar) a sitios que parecen totalmente inaccesibles.

El desafío nos lo ponemos nosotros: batir a todos los enemigos, descubrir todas las misteriosas salas ocultas y hacerlo todo en el menor tiempo posible. Aunque es fiel al original, pues es el juego base, quizás eche de menos una música más acorde al recuerdo que tengo de la saga. En mis tiempos mozos, desactivaba la música del juego (los efectos de sonido los ponía al máximo) y conectaba el equipo de música con un buen repertorio metalero. Que buenos tiempos…

Doom ii

Y poco más puedo contar, pero quiero que os quedéis con la idea de lo que ofrecen este tipo de títulos clásicos. Acción de la de antes, frenetismo, lluvia de balas y sangre, sumando todo a la satisfacción de superar nuestra marca anterior al aplastarle la cara al personaje maligno de turno. Un viaje al pasado que creo todos deberíamos hacer, para no sólo recordar cómo se juega, sino para no olvidar jamás qué es lo que nos hizo amar este tipo de videojuegos.

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