Te invitamos a conocer los detalles de “The Flame in the Flood”, un adictivo juego de supervivencia que supone el debut del estudio The Molasses Flood.

The Molasses Flood es un pequeño estudio formado por gente que, tras trabajar durante años en la industria de los “triple A”, decide hacerse a un lado y crear algo más personal donde poder reconocer su sello. Así sus integrantes han participado activamente en sagas tan importantes como Bioshock, Halo o Rock Band. Ahora llega a Xbox One y PC su primera obra, un juego de supervivencia que nos ha dejado muy buen sabor de boca.

El juego se ambienta en un mundo asolado por una inundación a nivel global y comienza cuando nuestra protagonista, Scout, recibe la visita de un perro con una mochila con una radio. Y así es como Aesop (el perro, Esópo) y Scout inician un viaje juntos en busca de una señal de radio con posibles noticias de una evacuación.

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¿CÓMO SE JUEGA?

Podríamos decir que The Flame in the Flood se divide en dos secciones: las islas y el río. Disponemos de una balsa para navegar por el río, esquivando rocas y obstáculos, y llevarnos a la siguiente isla donde encontrar provisiones. Hay distintos tipos de islas, cada una con distintos tipos de suministros, y podremos elegir libremente cuál visitar en nuestra travesía por el río, pero no podremos volver atrás (vaya, como en la vida no?).

En estas islas debemos recoger plantas, abrir cajas, buscar en casas abandonadas, cazar… para hacernos con los materiales necesarios para craftear nuevos objetos y enfrentarnos así a nuevos peligros. Además deberemos vigilar varios indicadores como el hambre, la sed, la temperatura y el cansancio. Para ello no podremos olvidarnos de comer, beber o descansar cuando sea oportuno.

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LA SIMPLIFICACIÓN, SU MAYOR VIRTUD

The Flame in the Flood simplifica todas estas acciones, elimina todo lo superficial para hacer entrar al jugador en una especie de trance en el que separarse del mando supone el mayor de los retos. Siempre querremos jugar “una isla más” y siempre “la siguiente es la última”. El equilibrio entre retos inmediatos, asequibles, y supervivencia a largo plazo es la clave para que siempre querramos jugar un rato más. Y por ello no puedo dejar de aplaudir el esquema y estructura de juego, perfecto para lograr ese equilibrio. Todos los aspectos del juego van orientados en este sentido, pero me gustaría destacar el sonido. Porque cada acción tiene un sonido asignado, como un tono, una pequeña melodía que nos dará una satisfacción ridícula pero muy sabrosa cada vez que la oigamos. Ya sea craftear un nuevo objeto o cumplir un objetivo, esa pequeña melodía será nuestra gran (y vacua) recompensa.

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Recuerda en estas cosas más a un juego de móvil que de consola de sobremesa, y lo cierto es que no se aleja demasiado de aquellos. Para que os hagáis una idea de lo que quiero decir simplemente os contaré que siempre que me he despegado del juego ha sido por obligación, no recuerdo ni una sóla vez que lo haya dejado por aburrimiento o saturación.

Y ya que he hablado de recompensas no quiero pasar por alto el hecho de que los logros están absolutamente rotos. Veremos sorprendidos cómo nos saltan logros que no hemos cumplido y cómo se quedan sin saltar otros que sí hemos realizado. Sorprendente que pasen estas cosas a día de hoy, pero avisados estáis los “cazalogros”.

 

FLUYE COMO EL RÍO

La jugabilidad más que evolucionar va fluyendo, como el río que transitamos. Se irán añadiendo nuevas herramientas y mecánicas casi sin darnos cuenta. Por ejemplo una de nuestras mayores preocupaciones será mejorar nuestra balsa, algo que será básico para nuestra supervivencia. Conseguir los materiales para mejorar su maniobrabilidad, añadirle motor o incluso un horno nos hará parar en cada isla que encontremos. Además a medida que avancemos en el juego encontraremos nuevos enemigos como lobos, serpientes o incluso osos que podremos eliminar con nuestro arco o creando trampas. Sin recordar muy bien cómo ha sido esta evolución nos encontraremos asando carne de lobo en nuestra balsa.

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El manejo es sencillo en todo momento, siendo especialmente gratificante el control de nuestra balsa. Otra vez en un ejercicio que lleva las cosas a lo básico será indispensable dejarnos ayudar por las corrientes para salir airosos de situaciones complicadas y no estrellarnos contra las rocas. Por desgracia algunas opciones del inventario quizás merecieran un mayor estudio a la hora de hacer más sencillas las cosas al jugador. Pasaremos mucho tiempo en las ventanas de inventario y crafteo, moviendo objetos entre los 3 alijos que tenemos: nuestra mochila, la de Aesop y la de la balsa. Además hay una serie de acciones rápidas asignadas a la cruceta, que podrían haber sido personalizables. También el uso de arco o de cebos envenenados se convierte en una tortura, imposible de usar en momentos de tensión, aunque es posible que esta fuera la intención de sus creadores.

LA HISTORIA DE UN VIAJE

La historia detrás de The Flame in the Flood es sencilla, como hemos dicho antes. Es el viaje de Scout y el perro Aesop a través de un mundo salvaje, devastado… Si buscas en este juego una historia rica y profunda quizás has venido al lugar equivocado. No deja de ser una fábula (¿de ahí la referencia a Esópo?), con un final excelentemente ejecutado y la sensación continua de que lo importante de un viaje es el viaje mismo. No deja de ser todo una gran metáfora de la vida, con el río como (más que obvia y manida) representación de la misma.

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Su duración es más que correcta, ya que mi partida ha durado en torno a las 7/8 horas, sin contar las partidas anteriores en las que acabé no demasiado bien y que me sirvieron para conocer las mecánicas del juego. Esto en el modo Viajero, porque el juego cuenta con una dificultad superior: el modo Superviviente. En este modo escasearán los recursos, nuestros indicadores bajarán de forma más rápida y si morimos (algo muy sencillo) tendremos que comenzar desde el principio. Un modo sólo para expertos e inmunes a la tentación de estampar el mando contra la pared. Si ya en el modo normal los checkpoints son escasos y eso crea bastante tensión (creedme, aún estando bien preparado la muerte puede esperarte en cualquier esquina), el modo Superviviente puede convertirse en una experiencia no apta para cardíacos. Por si fuera poco su propio concepto de generación aleatoria de islas y recursos ayudan en gran medida a volver a disfrutar del juego en cualquier momento y a vivir experiencias distintas cada vez.

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Además de este modo Superviviente contamos con un “modo infinito”, en el que seguiremos navegando en un río sin fin mientras nos aguanten las fuerzas. Perfecto para quienes quieran prolongar su adicción a la droga dura que es The Flame in the Flood.

 

ASPECTOS TÉCNICOS Y ARTÍSTICOS

El juego, pese a su sencillez y su sello marcadamente indie, es realmente bonito. Muy bonito. Puede que algunos aspectos de su diseño no gusten a todo el mundo, ya que sus personajes parecen figuras echas con papel, pero desde luego la intención de establecer su propia identidad es obvia. Personalmente me han encantado algunos diseños, como el de los lobos o el de los feroces osos. Pero si hay un momento en el que The Flame in the Flood nos hace soltar una exclamación ese es sin duda cuando, navegando por el río, presenciamos el amanecer y nos dejamos envolver por la luz y el color de este curioso mundo.

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Sonoramente el juego raya la perfección. Una banda sonora espectacular de la mano del artista norteamericano Chuck Ragan nos acompañará en todo momento. Navegará junto a nosotros entre melodías folk y los sonidos Americana similares a bandas como Wilco, The Jayhawks o Uncle Tupelo. Un trabajo impecable que solamente se ve empañado por su utilización aleatoria (salvo en momentos determinados) a lo largo de la aventura. Pero, como anoté con anterioridad, las pequeñas melodías o tonos usados cada vez que realizamos una acción son otro de los grandes aciertos del juego. Como a un cachorro nos acostumbran a asociar ese sonido con cosas buenas, y derramaremos litros de dopamina cada vez que los escuchemos. Un claro ejemplo de usar la música y el sonido al servicio de la jugabilidad.

Por desgracia el juego nos llega con textos completamente en inglés (no hay voces). Y para colmo en un inglés en determinados momentos no demasiado sencillo, ya que los personajes que aparecen en ocasiones hablan en forma de dialecto. Pese a ello el juego es completamente jugable y disfrutable al 100% obviando estas conversaciones.

CONCLUSIONES

The Flame in the Flood recoge la fórmula de “Don´t Starve” y la enfoca y simplifica para lograr una experiencia tremendamente adictiva, con un envoltorio artístico muy atractivo. Ser más limitado que otros juegos de supervivencia no lo convierte en peor juego, aunque sí en menos profundo. Pero su perfecta estructura y su capacidad de tentarnos siempre con objetivos cercanos consiguen que The Flame in the Flood sea uno de los títulos más adictivos del catálogo de Xbox One.

 

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