En una industria que se reinventa constantemente proliferan los estudios que huyen de las normas establecidas y evolucionan hacia lo que creemos será el medio artístico más poderoso de todos los tiempos.

Cuando encendemos la consola y nos disponemos a empezar a jugar, en la actualidad tenemos infinidad de opciones a escoger. Por ejemplo, podemos jugar un shooter con mucha acción, con escenarios vertiginosos y una banda sonora electrizante. Puede tener (o no) más o menos profundidad en la historia y los personajes. Puede también desarrollarse en un mundo abierto donde de vez en cuando, (como suelo hacer) nos detengamos a oler las flores y explorar con la excusa de que buscar recursos.

Podemos emular la vida de una cazadora de tumbas un poco obsesiva. Podríamos ser piratas y probar nuestras dotes de navegante y cazatesoros. O en cambio, podemos ser un profeta renacentista de una orden de asesinos. Tal vez nos apetezca más llevar una vida mucho menos cómoda, y probar ser un forajido del lejano oeste que cabalga muchas horas porque cazarrecompensas están pisándonos los talones.


Qué te parece si en cambio probamos un juego de plataformas, que nos conduzca hasta el final sin tener que pensar en una estrategia muy sesuda o en gestionar recursos. O quizás meternos de cabeza en un simulador donde vivamos y construyamos toda una vida nueva, en donde el mundo está vivo y es dinámico.


En definitiva, los videojuegos pueden ser increíblemente evocativos y pueden hacer que conozcamos mucho de la condición humana, ya sea en un entorno real o imaginario. Hay juegos para cada personalidad y estado de ánimo. Densos y profundos o tan simples que nos permiten bajar revoluciones mentales. Estos últimos serían, como dice nuestro querido Javier Larrea: “los juegos de transición”, o el genial Ríos: “el trago de agua para pasar del Colacao a la coca cola sin que te sepa raro”.

El lograr esa conexión con la experiencia que el diseñador preparó para nosotros, lograr ese estado de ánimo que nos hace cambiar un poco por dentro, eso es a lo que yo llamo arte.
Mi idea de escribir sobre este controversial tema partió del hecho de que cada vez que nos toca analizar un juego, toca ajustar varios engranajes para que el resultado sea justo y lo más contextualizado posible. Dicho de otra forma, para lograr comparar peras con peras y manzanas con manzanas.

Para cada análisis debemos desmembrar cada juego en sus elementos más simples y colocarlos sobre la mesa para luego comparar: el apartado gráfico, efectos de sonido, la BSO, la profundidad de la historia y personajes, la calidad de escritura de los diálogos, etc. Haciendo esto en cierta ocasión me pregunté, ¿Qué diferencia hay entre evaluar un guión o una historia escrita para un videojuego? ¿Qué tan diferente es mi opinión sobre una fotografía o un cuadro al de una captura de pantalla hecha en un mundo diseñado para maravillarnos? ¿Es la BSO menos música porque sea parte de un videojuego?


Finalmente me hice la pregunta: ¿Son los videojuegos Arte o solo contienen pequeñas piezas artísticas?
Pero ¿qué es el arte? Si buscamos rápidamente su definición nos encontramos con algo como esto:


“Arte es cualquier actividad o producto realizado con una finalidad estética y comunicativa, para expresar ideas, emociones y, en general, una visión del mundo, a través de diversos recursos, como los plásticos, lingüísticos, sonoros, corporales y mixtos”


También debemos recordar que el arte es un componente vital de la cultura porque ha sido a través de él que el hombre ha ido transmitiendo los conocimientos, ideas y valores que han existido a lo largo de toda la existencia de la humanidad. Desde el arte rupestre hasta cualquier pieza de arte contemporáneo.


Esta es una polémica que lleva años ya haciendo ruido dentro de la industria del entretenimiento y se remonta a 1980, cuando por primera vez los museos de arte comenzaron a exhibir retrospectivamente juegos de primera y segunda generación obsoletos.
De manera similar lo han venido haciendo otros museos alrededor del mundo. Como el Smithsonian American Art Museum, que realizó una exhibición en 2012, titulada “El arte de los videojuegos”, que fue diseñada para demostrar la naturaleza artística de los videojuegos, incluido el impacto de las obras más antiguas y la posterior influencia de los videojuegos en la cultura creativa. El Smithsonian más tarde agregó Flower y Halo 2600, como exposiciones permanentes dentro del museo.

Por su parte el Museo de Arte Moderno (MoMA) de Nueva York reunió cuarenta videojuegos de importancia histórica en su formato original para exhibir, como parte de un esfuerzo más amplio para “celebrar los juegos como un medio artístico”. Algunos de los títulos que el MoMA escogió para su exibición como forma de arte son: Pong, Space Invaders, Pac-Man, Tetris, Myst, Canabalt, y Minecraft, este último el MoMA lo considera toda una manifestación artística y que el título ofrece un sin fin de posibilidades para que los jugadores se conviertan en artistas expresando toda su creatividad en grandes obras a base de cubos.

Así como ellos seguramente muchos de vosotros están de acuerdo en que teniendo en cuenta la contribución de elementos tales como: los gráficos, las cinemáticas, el crafting, los diálogos, la narración y por supuesto la música se pueden fácilmente reconocer a muchos videojuegos como verdaderas piezas de arte.

Muchos son los títulos que cruzan la frontera de la expresión artística. A través de ellos podemos alcanzar altos niveles de alegría, experimentar sentimientos más profundos como la soledad, la tristeza y en algunos casos sirven de catarsis gracias a ese elemento único que poseen los videojuegos: La Interacción.


Me gustaría pensar que somos testigos del nacimiento de un nuevo medio artístico. Pero lamentablemente para muchos críticos aunque los videojuegos si poseen una carga artística, es justamente la interacción lo que diferencia a la industria del videojuego del resto de medios artísticos.

El más polémico, o al menos el más sonado de estos críticos es el afamado crítico de cine Roger Ebert.
Ebert en 2005, luego de una discusión en línea sobre si el conocimiento del juego Doom era esencial para una apreciación adecuada de la película Doom, describió a los videojuegos como no artísticos.


“Que yo sepa, nadie dentro o fuera del campo ha podido citar un juego digno de comparación con los grandes dramaturgos, poetas, cineastas, novelistas y compositores. Que un juego puede aspirar a la importancia artística como experiencia visual, lo acepto. Pero para la mayoría de los jugadores, los videojuegos representan una pérdida de esas horas preciosas que tenemos disponibles para hacernos más cultos, civilizados y empáticos.”
Roger Ebert.

Luego de hacer esa declaración llena de empatía, años después, en abril de 2010, Ebert publicó un ensayo donde nuevamente afirmó que los juegos nunca pueden ser arte, debido a sus reglas y su interactividad basada en objetivos.


“Una diferencia obvia entre el arte y los juegos es que puedes ganar un juego. Tiene reglas, puntos, objetivos y un resultado. Santiago podría citar un juego inmersivo sin puntos ni reglas, pero diría que entonces deja de ser un juego y se convierte en una representación de una historia, una novela, una obra de teatro, un baile, una película. Esas son cosas que no puedes ganar; Solo puedes experimentarlos.”
Roger Ebert.

Para añadir más leña al fuego, en una entrevista de 2006 el diseñador de juegos Hideo Kojima estuvo de acuerdo con la evaluación de

Ebert de que los videojuegos no son arte. Kojima argumentó que la creación de videojuegos es más un servicio que un esfuerzo artístico.


Por su parte en La Conferencia de Historia del Arte de los Juegos de 2010, Michael Samyn fundador del estudio independiente Tale of Tales argumentó en términos inequívocos que los juegos “no son arte” y que “son sistemáticos basados en reglas”. Samyn identificó al énfasis de la industria en la mecánica del juego como responsable directo de la marginación de la narrativa artística en los juegos y describió los videojuegos modernos como poco más que un deporte digital. Dicho sea de paso que Tale of Tales abandonó dicho “deporte digital” años después después del fracaso de “Sunset”.

Conclusiones

Percibir a los videojuegos como un producto digital interactivo en mi opinión es conformarse con solo un pedacito de un inmenso pastel. Atarse a viejos paradigmas no hará evolucionar esos pequeños destellos de arte que constantemente estamos disfrutando en los videojuegos. Hace unas tres décadas atrás nadie se preguntaba por la motivación de Mario para ir siempre detrás de La Princesa, ahora muchos disfrutamos de historias y personajes muchísimos más elaborados y complejos.

Todo evoluciona y cambia en el orden en que apoyemos determinados proyectos y le exijamos calidad en los nuevos productos a la industria, desde luego dentro de lo que la tecnología lo permita. Como dije anteriormente, creo que el arte se produce en el instante en el que conectamos con una emoción, estamos conectando con el artista que lo ha querido así.
Sí por el contrario te cuesta un poco pensar en que un videojuego pueda tener la misma capacidad de asombrarnos y emocionarnos que el David de Miguel Ángel o la 5ta sinfonía de Bethoven. Sí debes entender que este es un medio con todo el potencial de hacerlo y si me permites, yo iría más lejos comparándolo con un medio artístico que hace algunas décadas no era considerado arte: El Cine. Pero ahora añadiendo todos los elementos artísticos que mencionamos antes (gráficos, música y narrativa) un elemento casi mágico, que es el que marca la gran diferencia entre lo común y la innovación: La interacción.


La interacción es precisamente lo que hace a los videojuegos tan emocionantes. La elección en sí da un sentimiento de libertad. En cualquier otro medio artístico, cuando oímos, vemos, escuchamos, solo somos espectadores pasivos ante la obra que permanece inalterable. El artista predefine cada paso del camino. Sin embargo, en los videojuegos, el artista nos invita a participar, a dar forma y a influir en la experiencia. Nos metemos entonces en el lienzo para modificarlo y eso mis queridos, nos convierte en artistas. Nos hace crecer, nos hace pensar en asuntos importantes sobre la vida, y sí, es entretenimiento pero además es nuestra huella cultural. La interacción es un recurso con un potencial que aún desconoce sus infinitos horizontes.

The Outer Worlds


Los videojuegos siguen evolucionando y los diseñadores siguen trabajando sin importar lo que piensen para traernos lo mejor de este medio que puede ser tan poderoso, profundo, provocador y emocionalmente estimulante como cualquier otro medio artístico. Solo queda ver el curso que tomará y este tiene que ver con el legado que queramos pasar como cultura a las generaciones de jugadores en el futuro.

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