El mundo cambia, las tendencias cambian y el consumo digital cambia. Bienvenido a las Services War, la evolución lógica de la Console Wars.

La industria del videojuego es un mundo apasionante. Ya no solo para el jugador, quien recibe prácticamente cada semana un bombazo para su consola con el que sumergirte en nuevas aventuras, sino también para el desarrollador de turno. Desde el nacimiento de este ocio interactivo, siempre se ha concebido la mentalidad de evolución, de un mercado abierto donde el único límite era la propia imaginación y las capacidades de la consola, aspecto que, como hemos visto recientemente, pronto parecerá dejar de importarnos.


Estamos ante el enfrentamiento de algo gordo. Algo que aún no somos capaces de visualizar correctamente, ya que ni es visible, ni palpable ni se acerca a las disputas típicas entre compañías como ha sucedido desde que la industria del videojuego nació. Imaginad la competitividad entre una futura Anaconda, PS5 y el siguiente hardware de Nintendo como la disputa entre griegos y atenienses. Enfrentamiento clásico, donde prima la fuerza bruta de cada bando, el número de soldados y la moral que tenga cada ejército. Si tenéis el símil visualizado, ahora contemplad otro enfrentamiento paralelo mucho más grande, en los cielos, donde se disputaría el verdadero liderazgo mundial. Una lucha encarnizada entre titanes o colosos del Olimpo que vienen a materializarse en la vertiente online en general, y el servicio streaming en particular. Si amigos, pese a que a muchos de nosotros no nos hace gracia el flujo de acontecimientos con el gran peso del mercado digital y la decadencia de las colecciones físicas, el futuro está ahí y nos lo muestran cada día.

Este nuevo tipo de enfrentamiento repercute en la forma competitiva de hacerse con el trozo de pastel más grande. Los jugadores dejaron de ser jugadores para ser estadísticas, y ahora esas estadísticas se convierten en número de suscripciones. Suscripciones que se van a disputar como si no hubiera un mañana, de la manera más agresiva posible, más aún cuando Stadia y Apple Arcade quieren introducirse de lleno en el juego. “Here comes a new challenger”, como diría nuestro bien amado Street Fighter II. Los luchadores ya están listos para el ataque, aunque ahora falta comprobar cuál es su estilo de lucha.

Siempre ha existido una bandera objetivo que colocar en la cúspide dentro de la lucha por el primer puesto. Si no era la disputa entre cantidad y calidad que atesoraba el enfrentamiento entre Mega Drive y Super Nintendo, era la guerra entre consolas de 32 y 64 bits, pasando por algo más actual como la cantidad de exclusivos de cada compañía, la tasa de frames de los multiplataformas, hasta llegar a la confrontación actual donde se puntualiza con ojo biónico la resolución de cada juego. Esto denotará en otros tintes en un futuro. Bajo mi punto de vista, ya no importará tanto la cantidad de exclusivos que tenga cada consola, sino que primarán otros aspectos como qué plataforma es la que más juegos en servicio streaming tiene, o qué dispositivo ofrece mayor cantidad/calidad de títulos en su suscripción de “alquiler” (Game Pass, PS Now y todo lo que esté por venir).

No vamos a engañar ni a decepcionar a nadie si decimos que Xbox One ha tenido un recorrido algo regulero esta generación. Muchos cambios en la hoja de ruta, cancelaciones y títulos exclusivos que no han dado la talla y que le han valido unos cuantos disgustos. Pero eso tiene pinta de que va a cambiar en un futuro. De hecho, ya estamos en parte de ese futuro, y vemos los cambios latentes. Microsoft ha sido la primera en “ponerse las pilas” en el ámbito digital con sus juegos. Nadie le pisaba los pies, y ese factor ha permitido ir a pasos lentos pero seguros con todas las innovaciones que han aportado a la industria. El servicio que ofrece Xbox Game Pass tiene mucho mérito, el mismo que tendrá xCloud junto con la vinculación a todos los dispositivos. Esa es la futura guerra que tenemos que lidiar, nos guste o no. Como pasa en los conflictos bélicos actuales, no siempre se necesita mandar a las tropas para establecer una supremacía. Esta guerra se disputará de otra manera, apostando por la tecnología streaming, las innovaciones en las conexiones online y en los contratos con desarrolladoras. Por suerte, Microsoft lleva años de ventaja en ese terreno, y las ideas muy claras. Bienvenidos a la Service War.

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