Mucho hemos vivido (y sufrido) este año los usuarios de Xbox, pero pese a una falta de grandes exclusivos, hemos disfrutado como niños con otros aspectos y servicios.

A falta de unos días para que acabe el año, siempre viene bien echar la vista atrás y comprobar si este 2018 ha sido fructífero para los jugadores o si ha sido un mero trámite hasta la temida próxima generación. Y sí, digo temida porque pese a que no todos los juegos actuales consiguen el esperado binomio 60fps/4K en Xbox One X, alcanzar esos estándares (manteniendo una calidad gráfica a la altura) requieren un tiempo de desarrollo que no todas las compañías poseen. Ya hemos visto lo rápido que corre el mercado, con continuaciones de las esperadas entregas de los shooters en primera persona Call of Duty: Black Ops IIII y Battlefield V. Aquí se puede observar claramente las prisas antes citadas, y es que los negocios no perdonan. El título de Treychard prescinde de su modo campaña para enfocar todos sus esfuerzos al multijugador, y aun con esas, presenta fallos y defectos que poco a poco irán corrigiendo con parches. Battlefield V no se libra de los apresuramientos, y su contenido online (y varios problemas de conexión y bugs que presenta desde su salida) irá modificándose escalonadamente ya con el juego entre nuestras manos. Qué decir de la entrega de Asesinos ambientada en Grecia que, sin ser un mal juego, posee muchas similitudes vistas en Origins que pueden quemar al usuario asiduo a esta saga. En fin, un ritmo de lanzamientos que roza lo inalcanzable y que no brillan al nivel de otros juegos donde se han tomado todo el tiempo del mundo. Si, me refiero a Rockstar, que con “crunch” o sin él ha conseguido una calidad gráfica, técnica y amor por el detalle que muy pocas compañías consiguen gracias a su Red Dead Redemption 2. Y eso parece más un privilegio antes que un tiempo de desarrollo estipulado por las demandas que exigen los jugadores.

A día de hoy sigue habiendo fallos en ambos shooters

Algunos medios han hecho su agosto particular (y otoño e invierno) con todo el tema de la comparación gráfica. Digital Foundry ha despedazado cada juego que pasaba por su web, analizando milímetro por milímetro las diferencias entre las diferentes versiones. Hasta tal punto llega la influencia de ver cual es la mejor versión multiplataforma que en ocasiones nos olvidamos hasta de jugar, y muy señores míos, al fin y al cabo lo que importa es el disfrute del título en cuestión, sea en la plataforma que sea. Esto viene a cuento porque han aparecido muchos proyectos que casi han sido más noticia por su diferencia entre versiones que el propio lanzamiento del juego en sí, y el caso por excelencia lo hemos tenido a principios de año con Monster Hunter World. La locura por los frames que ha desencadenado el juego ha hecho que todos vayamos con nuestros ojos biónicos a ver las diferencias entre píxeles, o que esa búsqueda por la textura perfecta nos haya obligado a detenernos para ver las sombras que genera un arbusto en mitad de un escenario. Es cierto que hay diferencias entre Xbox One y PS4 respecto a sus “hermanas mayores”, pero por suerte todos aquellos jugadores que posean cualquier consola mencionada van a poder jugar sin problemas al título de Capcom, o a la última aventura de Lara, a Far Cry 5 o al Salvaje Oeste con Arthur Morgan sin que se vea apartado de la generación actual. Y sin mancillar su honor ni ser perseguidos por haber hecho algo malo.

Lo que dio de sí ese arbusto…

Y hablando de multiplataformas, de ese catálogo de third parties hemos vivido los usuarios de Xbox. Sí, ya sé que existe una triada que ofrece un buen puñado de horas y que se sostiene con Sea of Thieves, State of Decay 2 y Forza Horizon 4, pero salvo éste último juego desarrollado por Playground Games, el resto son propuestas para un público muy concreto y conciso, que no se dan a conocer a una masa de jugadores potencialmente alta. Pero esto no es motivo de desilusión, ni de pensar negativamente, ya que tenemos el mayor GOTY que una empresa puede tener (o el mayor abanico de juegos que los usuarios pueden disfrutar). Cómo no, me refiero al servicio Game Pass, una apuesta de Xbox extremadamente genial que nos ha permitido poder acceder a un catálogo extenso que ya suma más de 200 títulos a un precio irrisorio en comparación.

Este es el futuro, por lo que ha apostado Microsoft en este 2018 muy fuerte y que seguramente sea continuado en años venideros. Porque pese a tener una consola con más potencia como Scarlett, Anaconda, Lockhart o como se llame, al final lo que cuenta es un servicio que nos ofrezca mucho por muy poco. La puerta de entrada de nuevos socios Gold, una manera de abrir el punto de miras de usuarios que no tocan un indie en su vida, una forma de enganchar a cada jugador y que por ningún motivo tenga ganas de adquirir otra plataforma. Ya puede venir Digital Foundry a decir que en Anaconda no se alcanza la resolución de la competencia (aspecto que dudo mucho, por cierto) porque nosotros podremos jugarlo rascando muy poco de nuestro bolsillo, y en varias ocasiones desde su día de lanzamiento.

No, no me olvido. Puede que la triada haya hecho feliz a mucha gente que sea apasionada de matar zombies, surcar los mares con amigos y quemar rueda en Inglaterra por menos de 10 euros al mes, pero no son los pelotazos que se esperaban. Paciencia, sé que habrá mucha gente negándome el artículo y otros asintiendo con la cabeza las palabras que he suscrito, pero esto es sólo el principio. Todo el proyecto que tiene Xbox en mente es el pico de un iceberg que tiene que emerger de unas profundidades aún sin explorar, la punta de lanza de un proyecto que viene respaldado por Obsidian, The Coalition, Turn 10, Ninja Theory y muchos más estudios “First Parties” con ganas de hacer mucho por la marca. Microsoft sólo ha encendido el coche y ha hecho rugir un poco los motores, veremos qué tal funciona en una carrera de resistencia con dos competidores que a medio/largo plazo pueden quedarse sin gasolina.

 

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