Paremos un momento el increíble viaje que nos ha traído hasta aquí, desde que Pong puso en jaque el aguante de las pantallas de medio mundo, miremos atrás y veamos lo que tenemos en el día de hoy, una ración de Nostalgia y Videojuegos.

Corría el año 1987, y con mis 15 años era un asiduo de todos los salones Recreativos que poblaban mi ciudad, de entre toda una inmensa oferta de monederos que llenar, con monedas de 5 duros, yo estaba prendado de una maquinita Arcade llamada Black Tiger, era una maravilla de juego, era una aventura digna de Dragones y Mazamorras, un súper-guerrero contra el mundo. Lo que todo quinceañero quiere, poner un mundo a sus pies, sea lo pequeño que sea. Era, en definitiva, la mejor recreativa de la historia para mi Nostalgia.

Balck Tiger nostalgia pura

Y aquí es donde quiero ahondar en la nostalgia en el mundo del videojuego.  A día de hoy sigo jugando mis partidillas a Black Tiger, en el emulador de turno, pero noto algo que ya no es del todo igual, quizá falte la propia máquina, el tacto de esos botones, el olor a tabaco y el aliento de los coleguillas del barrio que rodeaban la máquina. Pero no, no es eso, soy yo el que no es el mismo y esto convierte la experiencia en pura nostalgia.

Cuando recordamos los juegos de NES, de Master System, Megadrive, Amiga 500, MSX, etc…, no recordamos el juego en sí, recordamos nuestras experiencias con él, y esas experiencias son difíciles que vuelvan. Ni somos ya ese adolescente, o ese niño, ni estamos en 1987.

Por todo esto, cuando últimamente, veo como nos inundan de remakes, remasters, y demás parafernalia, que solo busca abusar de nuestra propia nostalgia, me cabreo un poco con esta pasión nuestra que es el mundo de los videojuegos.

Que sí…, que normalmente convierten un juego, que se veía feote, en una cosa mucho más digna de ver. Que mejoran y estabilizan, el penoso framerate, que acusaba el juego en su primera versión, pero se olvidan de algo: al usuario no se le puede remasterizar.

La nostalgia que el usuario siente cuando se entera de que ese juego con el que pasó grandes momentos, con su gran amigote de la infancia, con su hermano, o con una novia (esto último tremendamente y tristemente difícil en aquellos años pero que, por fin,  dentro de otros 30 años será muy normal), siente el deseo de adquirir ese producto, probablemente no solo por rejugar ese juego que incluso puede que esté todavía en su estantería, sino por hacer volver esos grandes momentos a su memoria.

Las grandes compañías de videojuegos lo saben, y saben que una remasterización o un remake es una manera rápida de llegar al público que añora tiempos pasados.  Pero debemos parar un momento y bajarnos del caballo de la nostalgia, para ver que cada día, nos están bombardeando con nostalgia, en forma de remakes o remasters, y estos son la mayor parte de las ocasiones, salvo contadas y honrosas excepciones, muy decepcionantes.

Remake generacional

Las compañías están encontrando un filón. Un filón que afecta directamente a la creatividad, pilar fundamental en el que se sustenta, desde mi punto de vista, una industria como esta.

Un remaster, no nos trae nuevos guiones, no nos trae nuevos e inolvidables personajes  para nuestra venidera nostalgia, no nos trae mundos desconocidos y completamente inexplorados para nosotros mismos. Un remake, o remaster, nos corta las alas como jugadores. Alimenta nuestra nostalgia pasada, pero mata nuestra nostalgia futura.

Las compañías, indudablemente tienen un filón de baja inversión, ya que desechamos guionistas, desechamos diseñadores de mundos, de personajes, al final, desechamos creatividad. Y esto, de aumentar, será un gran problema a futuro.

Al respecto de esto, está el tan manido tema de que así las nuevas generaciones lo pueden jugar, lo siento, pero las nuevas generaciones también lo pueden jugar en su versión original,  disfrutarlo tal cual se diseñó y se pensó que la obra debía ser disfrutada. Me podrán decir que así el juego se beneficia de las nuevas tecnologías, pero pensemos un momento, el juego ya se benefició de las nuevas tecnologías en su día.

No concibo un creador volviendo a crear una y mil veces su obra, una vez acabada, para adaptarla a cada generación. De un creador lo que esperamos es creaciones no reconstrucciones.

Es de aplaudir, iniciativas como los juegos pixel-art, que nos trasladan a aquellos años en lo visual, modernizando el estilo, y además cuentan con la creatividad de nuevos mundos, nuevas historias, etc… o máquinas que se venden con colecciones de roms de consolas, de anteriores generaciones, donde los juegos se disfrutan tal cual, así eran y así son.

Pixel Art contemporáneo con The last night

También tenemos la novedosa manera con la que Microsoft está sorprendiendo a propios y extraños, esas mejoras a nivel de emulación con las que Xbox One X mejora a nivel visual o de rendimiento algunos de los títulos de Xbox 360 o Xbox, iniciativa que mientras sea libre de coste para el usuario, lógicamente, es de alabar, pero no es este el rumbo que la industria parece seguir.

Por todo esto creo que las grandes compañías de videojuegos, deberían dejar nuestra nostalgia para nuestros recuerdos, o para nuestras máquinas de hace 30 años, que aún tenemos por casa, y dedicarse a brindarnos nuevos mundos, nuevas experiencias y nuevos motivos para que dentro de 30 años se recuerden los títulos de hoy como títulos de hoy no como títulos de ayer.