Impresiones de DOOM, desde 1993 a 2019 en Xbox One

Directamente desde 1993 llega a Xbox One el primer DOOM, el original, el padre de la violencia contra demonios. ¿Es que nadie piensa en los niños? Dada la distancia del estreno original con este nuevo port, es muy difícil hacer un análisis dentro de los cánones actuales de los videojuegos. Por ende, voy a plasmar mis impresiones y sensaciones al jugar (por primera vez) a este clásico del FPS y compararlo con el panorama actual del género.

Liberar tensiones, un punto fuerte en el primer DOOM. Si bien el gameplay a día de hoy puede estar bastante obsoleto, sigue teniendo cierta frescura que hace que resulte gratificante jugar. No todos los días podemos acribillar a infectados y demonios con armas a cada cual más mortífera. De esta forma DOOM ofrece un variado elenco de dispositivos de destrucción para aniquilar a nuestro enemigos. Entre las posibles herramientas podemos encontrar la escopeta, la minigun o la motosierra, entre muchas otras. Sin embargo la munición no es infinita (ni siquiera en la pistola) por lo que debemos gestionarla y racionar las más potentes por si surge algún peligro mayor.

Liberar tensiones, un punto fuerte en el primer DOOM

DOOM viene de una época donde la narrativa no era lo más importante, pues la gente venía a liberar adrenalina y desconectar jugando. Y eso es lo que ofrece este título, una serie de niveles que superar, a cada cual más laberíntico que el anterior. Laberintos y llaves, pero sin mazmorreo. La sensación al recorrer el mapeado es la de estar buscando la siguiente puerta que me lleve al próximo mecanismo que, con suerte, desemboque en la salida. El diseño de niveles de DOOM está bien hilado, y puede incluso llegar a confundirnos y perdernos por sus recovecos. Más esto no es algo necesariamente negativo, pues explorar el mapa otorga más y mejores armas, munición extra(la cual nunca está de más) y algún que otro secreto.

DOOM viene de una época donde la narrativa no era lo más importante

La exploración no se limita a recorrer pasillos rectos con un par de giros, más bien se trata de niveles diseñados con bastante cariño. Por ende recorrerlos requiere de habilidad y supervivencia. Además de ir recuperando munición y curaciones desperdigadas por el suelo. Asimismo, podemos encontrarnos con puertas cerradas por llaves de 3 tipos, amarillas, azules y rojas. Para completar cada pantalla es necesario, o no, reunir llaves. Sin embargo, cada tarjeta es la “clave” para encontrar algo interesante.

En lo que al sistema de disparo atañe, nos encontramos ante un juego rápido y de apuntado “a ojo”, pues no hay mirilla al uso y a veces toca medir donde impactan las balas con algún disparo de advertencia. Además, como dato curioso, DOOM no tiene apuntado vertical, por lo que solo moveremos el cañón del arma en el eje horizontal, y el juego se encargará de enviar las balas hacia arriba o hacia abajo según se necesite. Debo admitir que no me esperaba esto, como bien he expuesto, es la primera vez que juego al DOOM original. Al final y al cabo, en 1993 tenía 2 años.

Violencia y vísceras. Desde luego la seña de identidad de la saga ya viene desde la primera entrega. DOOM es capaz, con 4 píxeles, de construir un mundo muchas veces agobiante lleno de símbolos demoníacos y hasta de mutilaciones y sangre. Dentro de sus posibilidades, se entiende. Asimismo los escenarios presentan detalles varios para crear una ambientación lúgubre e incómoda que seguramente levantó ampollas en los 90′ a más de uno. Todo esto viene acompañado de una banda sonora muy metalera que ameniza la velada. Cabe destacar lo rápido que te pones a tararear las melodías instrumentales que acompañan a este título.

Entre los modos de juego posibles podemos encontrar la campaña, la cual además permite escoger directamente un capítulo y la dificultad en la que afrontarlo. Esta es una opción que se agradece si buscamos pocas complicaciones y disfrutar de aquel nivel que tantos recuerdos trae(aunque no es mi caso). Por otra parte, DOOM ofrece modos multijugador tales como jugar la campaña cooperativa o un modo arena shooter donde enfrentarnos a otros jugadores. Sin embargo todo esto se limita al juego local, dado que el título no ofrece opciones online.

Para ser sincero, DOOM arrastra muchos años, y aunque fue pionero en su momento, a día de hoy se siente anticuado y muy plano en su jugabilidad. Por otra parte la variedad de enemigos es más bien limitada y la narrativa inexistente. Esta reedición con lavado de cara en texturas y resolución es una oda a los fans que gozaron el estreno original en la década de los tupés y los fondos pintados a cera con líneas psicodélicas. Por este motivo, he optado por no puntuar este análisis con una nota numérica, pues no me parece justo juzgar un juego tan lejano y que para muchos es todo un hito. Por ende, DOOM ya tuvo su nota, y por mi parte se queda con ella.

En definitiva, DOOM es una experiencia que hay que probar por lo menos una vez en la vida. Es un juego de una época ya perdida donde la jugabilidad era la prioridad por encima de modas o historias metidas con calzador. Un juego que aunque no esté a la altura de los cánones actuales y no tenga el elenco más variado de situaciones y enemigos, es capaz de traer de vuelta el frenetismo y la sensación arcade de un shooter de los 90′. Con todo esto, y mientras me limpio las tripas de demonio del armadura, me despido del infierno para volver a la Tierra.

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