En el espacio nadie puede oír tus gritos.

El primer título de la serie Dead Space se presentó en el año 2008, un año que los fans del cine de terror y ciencia ficción no olvidaremos. Por aquel entonces, el popular, pero todavía relativamente nicho, género survival-horror pedía algo nuevo para revigorizar su presencia. En ese momento, Capcom ya había dirigido Resident Evil hacia una ruta más orientada a la acción con la cuarta entrega, y Silent Hill estaba perdiendo “el norte” con cada nueva entrega. El género survival-horror no pasaba por su mejor momento y se mantenía en gran medida gracias a los títulos indie para PC, como el inolvidable Amnesia: The Dark Descent, y todos los que le siguieron después, como Outlast.

Electronic Arts, una de las mayores editoras de videojuegos del mundo, no era conocida por su experiencia en el género, pero consiguió sorprender a la mayoría anunciando una nueva IP survival-horror ambientada en el espacio exterior. Lo desarrollaría Visceral Games, conocida sobre todo por sus juegos de James Bond y El Señor de los Anillos en Xbox. No muchos, probablemente incluida la propia EA, previeron el éxito que alcanzaría esta nueva franquicia. Y es que el primer Dead Space combinaba lo mejor de los juegos de terror clásicos y, al mismo tiempo, implementaba un enfoque táctico en los combates que, como mínimo, era inusual en el género.

La historia de este primer título lanzado en la gran Xbox 360 comienza con una pequeña tripulación a la que se le ordena investigar una llamada de socorro enviada por una nave espacial interestelar: la USG Ishimura. Entre la tripulación se encuentra Isaac Clarke, el que a la postre se convertirá protagonista del juego. Isaac no es el típico héroe de acción, si no un ingeniero normal y corriente, por lo que esto crea una impresión de vulnerabilidad bastante interesante. Además, su participación en la misión de exploración está motivada en parte por un interés personal: su novia, Nicole, era una de las tripulantes de esta gigantesca nave espacial.

La escena de inicio de Dead Space permanecerá siempre en nuestras retinas.

Tras eun inesperado aterrizaje forzoso en la USG Ishimura, Dead Space establece rápidamente una ambientación similar a la vista en nuestra amada primera película de Alien. La nave está abandonada, el suministro de energía está cortado y nada, aparte de algunos ruidos que nos pondrán en alerta de vez en cuando, indican la presencia de alguien. Nuestra propia nave está ahora en mal estado y la única forma de salir de ella es avanzando hacia el interior de la Ishimura. Muy pronto, la tripulación está a punto de descubrir qué ha llevado a este estado y a qué se enfrentan exactamente

La trama ofrece algunos giros de guión muy interesantes a lo largo del camino e introduce algunos enemigos terroríficos, en un entorno tremendamente oscuro y claustrofóbico. Y como si un protagonista más del juego se tratará, la USG Ishimura brilla con luz propia y es, posiblemente, uno de los puntos fuertes del juego.

Si eres de los que se impresionante fácilmente, Dead Space no es tu juego.

Gran parte de lo que hace que cualquier juego de terror destaque se debe a su atmósfera, que consiste en gran medida en el entorno, la iluminación y el sonido. Dead Space da en el clavo en los tres aspectos. La USG Ishimura es una enorme nave varada en el espacio profundo y que no da señales de vida. Alberga varias cubiertas, que varían en tamaño y propósito, pero la mayoría están formadas por pasillos oscuros y estrechos, divididos por puertas automáticas y pozos de ventilación que se extienden a lo largo de toda la nave.

Los sistemas funcionan mal, algunas partes del casco están rotas y nunca se sabe con certeza qué se esconde en los pozos. El interior de la nave apenas está iluminado por otra cosa que no sea la linterna del traje de Isaac y las sombras que nacen de esta limitada fuente de luz a menudo pueden provocar un susto por sí solas. Sin embargo, Dead Space rara vez recurre a los sustos fáciles. En su lugar, consigue magistralmente mantener un suspense constante produciendo ruidos de el fondo, susurros (a menudo muy cercanos) y nos sumerge en una persistente sensación de paranoia hasta que aparecen los créditos finales.

Esta inmersión se refuerza aún más con el tipo de jugabilidad, algo que en Dead Space tienen un sentido perfecto. Isaac lleva un pesado traje espacial y sus lentos movimientos nos darán más de un microinfarto cada vez que atraviesa los lúgubres pasillos de la Ishimura. Estos controles, junto con el movimiento plomizo, añaden una capa extra de dificultad al combate y hacen que cada encuentro sea aún más aterrador.

A diferencia de muchos otros representantes del género, el combate en Dead Space no se limita a tener el arma más potente y/o una gran cantidad de munición, sino que es mucho más táctico. Todas las armas tienen dos modos de disparo y son adecuadas para exterminar a diferentes enemigos, pero el arma más básica que Isaac adquiere al principio del juego, el cortador de plasma, es posiblemente la más versátil. Su ingenio reside en su simplicidad: puede disparar de manera vertical u horizontal.

No es el caso de: “dispárales a la cabeza y hasta luego”. Cada encuentro con enemigos presenta al jugador una opción: cortar el brazo de un enemigo con un rayo vertical para que no pueda atacar o, por ejemplo, cambiar a un rayo horizontal para decapitarlo. Mejor aún, el jugador puede disparar a las piernas para detener la aproximación de un enemigo especialmente ágil. Este elemento táctico añadido al combate es muy diferente al de tantos otros juegos del género y es lo que hace que cada encuentro nos ponga de los nervios. Afortunadamente, tanto la atmósfera como la mecánica de combate se trasladan a las secuelas del juego, que mejoran aún más la fórmula establecida.

Mientras que Dead Space 2 conservó con éxito la atmósfera envolvente de su predecesor y la mejoró en casi todos los aspectos (mi juego favorito de los 3), Dead Space 3 fue donde la serie dio un giro cuestionable hacia el modo cooperativo. Aunque el modo cooperativo era completamente opcional y no afectaba a la trama del juego, su inclusión probablemente disuadió a muchos jugadores, ya que la tercera entrega no cumplió las expectativas comerciales, incluso a pesar de las críticas favorables.

Dead Space 3 no era un mal juego, pero quizá se alejaba en demasía de lo que había propuesto en sus anteriores entregas.

Lamentablemente, con el cierre de Visceral Games, una cuarta entrega de la serie es menos probable que nunca. Por otro lado, EA sin duda es consciente del valor que tiene esta franquicia en la comunidad de jugadores, considerada como uno de los mejores series survival-horror de la historia, y el trabajo en un nuevo juego siempre puede asignarse a otro estudio, siempre que tenga los conocimientos necesarios. Gracias a dios, los creadores del primer Dead Space se encuentran trabajando en la secuela espiritual del mismo, conocido como The Callisto Protocool, que llegará el año que viene a nuestras consolas.

Hasta entonces, podemos volver a disfrutar de esta legendaria serie de terror sumergiéndonos en la trilogía original, que está disponible en su totalidad en Xbox One a través de la retrocompatibilidad, así como en EA Play.

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