De la unión del mítico Lucas Arts y Pandemic Studios surgió un título que sigue siendo único a día de hoy.

Igual muchos no lo vivisteis o no lo recordareis, pero los primeros años de la década de 2000 fueron una época en la que todos los juegos intentaban emular el éxito de Grand Theft Auto. Algunos de estos “imitadores” fueron en realidad juegos bastante buenos que incluían cosas que no veíamos en la saga de Rockstar. Algunos ofrecían acción de alto octanaje, como True Crime: Streets of LA (la de horas que le metí a este juego en mi adolescencia no es ni medio normal). Otros, como Mafia, eran superiores en el apartado de la historia, pero nos “chirriaban” un poco como experiencia puramente sandbox. Pero un juego, lanzado en 2005 en la primera Xbox, destacó entre los demás. Y sí, este no es otro que Mercenaries: El arte de la destrucción.

Muchos juegos de la época, incluidos los ya mencionados, ofrecían vastos entornos y escenarios preparados para ser explorados. Sin embargo, los juegos como Mercenaries, centrados en el espectáculo y la destrucción, eran escasos. Si a esto le añadimos un argumento bastante interesante apoyado por una banda sonora espectacular, pues tenemos uno de esos juegos sobresalientes que en ocasiones tanto cuesta que veamos actualmente.

Para empezar, Mercenaries: Playground of Destruction ofrecía una selección de tres personajes distintos. Y distintos no sólo por sus nacionalidades. Por un lado, tenemos a Chris, un soldado aficionado bastante típico. Jennifer, una mercenaria de ascendencia china y británica, es todo lo contrario. Y por último, tenemos a Mattias y es, bueno…es Mattias. Un sueco malhablado y al que se le va la olla cada dos por tres, por no hablar de su extraña afición a las explosiones.

El doblaje, a pesar de estar en inglés, contaba con algunos actores que en aquella época estaban muy de moda en Hollywood, aportando al título un tono muy “peliculero”. Ahora es más habitual que alguien como Keanu Reeves aparezca en un videojuego. Pero en 2005 no había muchos juegos que pudieran presumir de tener un reparto de actores tan bueno. Ni siquiera los juegos de Grand Theft Auto. Hay que admitir que todo ello se debió probablemente al destacado estatus del editor, el mítico y revivido Lucas Arts, dentro de la industria. Y eso también dotó al juego de ese tono de gran superproducción que destilaba por los cuatro costados.

El argumento gira en torno a la eliminación del despiadado general Song, hijo del líder ficticio de Corea del Norte. Song ha derrocado el gobierno de su padre y ahora amenaza al resto del mundo con una guerra nuclear. Aquí tenemos una historia sorprendentemente buena que sigue el modelo probado de las películas de acción de los 90. No te dejará con el “culo torcido” con intrincados giros argumentales, pero nos mantendrá más que enganchados.

Más allá del tema visual, cada uno de los personajes principales aportaba un plus de jugabilidad único. Chris, por ejemplo, tenía mucha más salud; Jennifer era superior en tácticas de sigilo y Mattias era un experto en hacer explotar cosas. Cada uno de ellos también dominaba un idioma secundario concreto, lo que hacía que algunos segmentos fueran comprensibles para un personaje, pero dejaba a los demás completamente ignorantes ante la misma conversación.

Chris hablaba coreano con fluidez y podía interpretar las conversaciones entre los miembros de la facción surcoreana. Al ser de origen chino, Jennifer podía interpretar las conversaciones en su lengua materna. ¿Y el sueco loco, Mattias? Bueno, por alguna razón entiende ruso, así que la mafia local no podía tener secretos para él. Los personajes también tenían diferentes líneas y chistes que hacían que la historia fuera muy rejugable sólo por los diálogos.

Independientemente del personaje elegido, nuestro objetivo era sencillo: localizar y capturar al líder del ejército norcoreano, el general Song, también conocido como el As de Espadas. Uno de los puntos fuertes de este Mercenaries era, sin duda, sus comandantes militares y generales. Cada uno de ellos tenía asignada una carta, siendo los más elitistas los ases de cada palo. A lo largo de la historia, al realizar tareas de varias facciones políticas y militares, adquiríamos información sobre su paradero. Después, podíamos proceder a capturarlos o matarlos.

Sin embargo, los objetivos vivos nos otorgaban el doble de dinero que los fallecidos. Naturalmente, podías llamar a un ataque aéreo sobre un objetivo especialmente bien vigilado, pero perder una gran cantidad de beneficios. Y el beneficio afectaba directamente a tu capacidad para adquirir nuevas herramientas para causar el caos. Y es que Mercenaries contaba con una impresionante cantidad de armas, vehículos y herramientas especiales.

Desde los típicos rifles de asalto hasta los tremendos lanzacohetes; aquí realmente podíamos experimentar realmente lo que se siente al ser un soldado de élite. Disponibles para ser tomados por la fuerza o para ser comprados en el mercado negro, los vehículos disponibles consistían en humbees, camiones blindados, helicópteros e incluso enormes tanques. Y con una gama tan amplia de vehículos y entornos destructibles, había una multitud de opciones para completar cualquier tarea.

Mercenaries: El arte de la destrucción combinaba un entorno sandbox destructible sin igual con una progresión satisfactoria. Con un enfoque bastante satírico de la guerra y una gran cantidad de contenido adicional, como planos, depósitos de dinero ocultos y skins de personajes desbloqueables, este título te mantiene enganchado durante horas y horas.

Lamentablemente, Pandemic Studios, el estudio responsable de desarrollar este juego, su secuela y los espectaculares primeros juegos de Star Wars: Battlefront, cerró sus puertas en 2009. Además, la secuela no fue tan bien recibida como el original, por lo que es muy poco probable que haya una tercera entrega a estas alturas. Sin embargo, hace dos años Microsoft nos quiso regalar una de las mejores noticias posibles: Mercenaries: El arte de la destrucción está disponible en la Xbox Store a través de la retrocompatibilidad. Hace unos años lo regalaron también con el Xbox LIVE Gold, así que es posible que muchos lo tengáis ya en vuestras consolas y ni lo hayais tocado. Con mejoras gráficas, como la compatibilidad con el 4K en la Xbox One X, esta es sin duda la mejor opción para revivir los recuerdos de adolescencia o experimentar esta explosiva obra maestra por primera vez.

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