El “RPG detectivesco” ha llegado a Xbox

Amor a primera vista

Mi relación con Disco Elysium ha sido, y perdonen el romanticismo, una especie de juego de seducción en el que la única parte de la pareja verdaderamente interesada en la otra ha sido, en efecto, yo mismo. Hace tiempo supe de ella (y me refiero en términos de género para esta magnífica obra, La Obra) a través de un viejo amigo (un clásico en las relaciones) que me recomendó que le echara un vistazo a los anuncios y vídeos por internet. “Eh, a ti te gustan los juegos de rol, los cómics y esas frikadas (su tono peyorativo, propio de la confianza de los buenos amigos, me fascina); busca algo de Disco Elysium. Se habla mucho de ese videojuego. Seguro que te mola”. Dicho y hecho. Manos a la obra. Portátil, navegador, varios clics y una taza de café con forma de pez. Muy fea.

Fue entonces, a través de una pantalla, cuando surgió el amor. Sí, ese amor al que llaman amor a primera vista. Ese que parece relegado al ostracismo hoy en día; una especie de mojigatería más propia de tiktokers hambrientos de atención que de cuarentones que todavía creen que, en el mundo, y en las personas, todo es posible. Ese amor, alerta spoiler, perdura. Si cabe, más puro y fuerte que antes. Porque Disco Elysium me ha enseñado que la industria del videojuego todavía tiene mucho que aportar. Que, en cierto modo, está despegando, y que su destino no es otro que las estrellas. Porque, a mi juicio, este es de los pocos videojuegos sui generis que ha entendido la fórmula de los juegos de rol, los que se juegan con papel, lápiz, dados e imaginación.

Contexto

Disco Elysium se vende a sí mismo, sin rasgaduras y con toda la seguridad del mundo, como un “RPG detectivesco”. No engaña a nadie, tampoco pretende camuflar sus carencias con enrevesada jerigonza gafapasta y vendehumos. Lanzado en 2019 y desarrollado por ZA/UM, por fin nos llega su versión Final Cut para todas las plataformas, adaptando las mecánicas al mando de una forma casi magnífica y añadiendo varios idiomas (entre ellos el español) para que todo el mundo (o una gran mayoría) pueda sumergirse de lleno en su historia. Salió, vendió y venció. Y todos quisimos atraparnos en sus redes.

Escrito por el novelista estonio Robert Kurvitz y por Helen HindpereDisco Elysium nos sitúa en un mundo de ciencia ficción que coquetea con el western de frontera, el pulp de E. R. Burroughs y la decadencia humana e industrial que sobrevuela los relatos de P. K. Dick. Es una distopía azuzada por una Revolución. Se ven ideas muy actuales como son el comunismo, el racismo, la lucha de clases o la guerra civil. Luego hay una rivalidad entre naciones que bien podría sacudir los ecos de la no tan lejana, pero sí distante, Guerra Fría.

Estallido de ilustraciones que beben directamente del impresionismo.

Abstracción

Comenzamos. Un detective sin memoria se despierta entre la mugre de Revachol. Hay una corbata en el ventilador. Algo le habla: quizá su sistema límbico o su cerebro primitivo reptiliano. No se reconoce, es un ser sin facciones. Puede que el espejo del cuarto de baño revele algo. Fuera del lugar en el que se encuentra hay un ahorcado cuya identidad debe descubrir. Un comienzo algo manido que, sin embargo, está escrito de una forma sublime. Y este es el verdadero punto fuerte de Disco Elysium. Su guion. Roza lo obsesivo. Cientos de diálogos, opciones y árboles de elecciones, tiradas de dados, estadísticas que controlar a través de la ropa (sí, la ropa) o las drogas (sí, las drogas). Todo un elenco de personajes sobreviven en un mundo frío, solitario, decadente, melancólico, muy bello a su manera. Sumergirse en su narrativa es, directamente, el equivalente a sentarse en un sofá bien cómodo y abrir cualquier gigante de la literatura, como Moby Dick o la Divina Comedia. En cuanto a eso, a mí me ha sabido más a los Cantos de Maldoror, pero esto es completamente subjetivo. Juzguen ustedes.

Disco Elysium toma todos los elementos de los juegos de rol clásicos (papel, lápiz, dados e imaginación) y los reparte de manera inteligente bajo una propuesta gráfica sencilla pero elegante: vista isométrica, menús sorprendentemente manejables e ilustraciones pictóricas y surrealistas que encajan perfectamente con la propuesta narrativa del videojuego. Las mecánicas consisten, en esencia, en tiradas de dados. El acierto o error de estas (tiradas que se producen de manera automática con base en nuestras estadísticas) repercutirán en la manera en la que interactuaremos con los diferentes elementos del mundo. Por ejemplo, podremos abrir puertas… o no. Algunas tiradas podrán repetirse al día siguiente y otras se bloquearán para siempre. Suena muy desafiante, ¿a que sí?

Un paquete de huevos, un brick de leche, tabaco y La última cacería de Kraven, por favor.

Dame más

Las tiradas de dados, como todo jugador de rol sabe, dependen de las estadísticas de nuestro personaje. En Disco Elysium contaremos con un árbol de habilidades que podremos mejorar subiendo de nivel, cambiándonos de ropa y tomando drogas o alcohol. El mundo por el que nuestro detective se mueve se llama Elysium y parece estar subyugado por una fuerza extraña a la que se conoce como La Palidez. Desentrañar todos los misterios de este videojuego supone una dedicación tal que no todos los jugadores estarán dispuestos a asumir. Hay que perderse, deambular por Revachol y tejer una red de sucesos y de conversaciones, de soledades y de sueños fragmentados. Esta es una historia con historias, donde hay tristeza y dolor, donde, pese a todo, hay cabida para la esperanza y el consuelo. Los puntos de habilidad los podremos invertir, también, en interiorizar ideas. Feminismo, racismo, religión, historia… La posibilidades son inabarcables. Una vez que esa idea se interioriza, tendremos nuevas opciones de diálogo y de acción. De esta manera, una vez subida una estadística, ese lugar inaccesible de antes, puede que ahora no lo sea tanto… Pero los días pasan y ya no somos tan jóvenes como antes.

¡Alto! Che che, che documentación. Che che, los papeles del camión.

Gloria

Disco Elysium está a la altura de… todo. Sencillamente, no puede equipararse a nada que haya jugado antes (quizás Baldur’s Gate, pero me pillo los dedos). Podría soltarme la melena y continuar con referencias artísticas dentro y fuera del medio, pero no es el momento ni el lugar. Este juego tiene que jugarse (irónico, ¿no?), y no lo digo por decir. Estamos en tiempos en los que el deseo supera la interacción. Se goza del chute inmediato de dopamina ante la promesa y no del agradable cambio de transformación que se produce durante el viaje. Porque la grandiosidad de Disco Elysium radica en su historia, en cómo se va tejiendo esa urdimbre mientras, a través de sus mecánicas, tratamos de vislumbrar el diseño final que se ha pensado casi como una visión fractal, o imbricada. No es un libro, pero podría serlo. Su calidad supera a muchas novedades literarias, os lo garantizo. Es una historia de añorar el pasado, y también de mirar con temor al futuro.

Y se preguntarán ustedes, lectores: “¿Es largo? ¿Es rejugable?” Y no sabré qué responderles. Es un juego único, eso es lo único que sé. Y tiene que jugarse. No solo desearse. Tal vez piensen que lo estoy romantizando todo. Que, al fin y al cabo, es un juego más y no es para tanto. Que lo estoy sobrevalorando. Puede ser. No lo niego. Pero ya les advertí al principio de este análisis que ella, La Obra, me ha enamorado. Sí, estoy enamorado. Hasta el tuétano. Y de eso se trata el amor, de aceptar los defectos y de quedarte con lo otro. Con todo lo bueno que te aporta. Que te transforma. Con lo que te hace mejor persona.

Gracias.

Disco Elysium - The final cut

39,99 €
9

9.0/10

Pros

  • Sentir que, de verdad, se está jugando a un juego de rol
  • Los personajes, a través de sus diálogos, son extraordinarios

Cons

  • Todavía cuenta con muchos bugs que pueden arruinar la experiencia
  • Lamentablemente, como toda obra, tiene final

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