El que podía haberse coronado como un nuevo Road Rash, se queda sin corona.

El día que se anunció Road Rage, y después de ver algunas imágenes, muchos pensamos y coincidíamos en que por fin tendríamos un digno sucesor de lo que fue Road Rash en 1991. Pero por desgracia ni sucesor, y mucho menos digno. Lo cierto es que Maximum Games junto a Team6 Game Studio, nos han traído un juego lleno de buenas ideas, pero mal ejecutadas y echas a la ligera.

La premisa a primera vista parecía buena, carreras de motos violentas con multitud armas de todo tipo que empuñar, variedad de motos y un mundo abierto, pero desde el primer momento te das cuenta que todo eso queda en nada. Nos encontramos ante un juego aburrido y que solo causa diversión por lo mal que está hecho. No, no faltamos el respeto a ningún desarrollador de videojuegos ni la ilusión que pondrán en cada proyecto, pero es una pena que hoy en día salgan a la venta cosas de este estilo, y que presente desidia por parte de los desarrolladores.

El juego nos sitúa en Ashen, una ciudad acotada por la policía donde los pandilleros moteros se han hecho con el poder y están dispuestos a acabar con cualquiera que se imponga en su camino, dejando a la merced de estos a todos los políticos y gente adinerada que ha llevado a la ciudad y a la gente de a pie a la ruina, donde solo la violencia es el único medio para tratar. Pero, de que sirve una historia si está mal desarrollada, de hecho no hay un ápice en el juego que te haga sentir que efectivamente la ciudad está sumergida en el caos absoluto. La gente campa a sus anchas antes el supuesto peligro y la policía te detendrá si te ven atacar a uno de los ciudadanos o te metes en una zona restringida. ¿Qué sentido cerrar una ciudad para que los malos hagan la ley? En fin.

De primeras nos pondrán en la piel de un motero cualquiera, y de repente sin prácticamente ninguna introducción nos pondremos a la acción con nuestra moto y nuestro bate de béisbol que nos dan en un principio. A partir de ahí ya el juego se convierte en monotonía, todo ello a causa de que las misiones son prácticamente todas iguales, y la ciudad resulta monótona a mas no poder. Y es que con la moto de cross que nos dan al principio casi podemos superar cualquier carrera sin apenas usar el nitro. De hecho cuando el atractivo del juego debería encontrarse en liarse a mamporros con los otros motoristas, casi es inexistente. Una vez que te colocas primero ya no te cogerán. Eso sí, si no acabas empotrado ante cualquier cosa, ya que el control es pésimo. Y es aquí donde empezamos con a tratar otro tema para dar de comer aparte, las físicas del juego y su apartado gráfico.

Ni la ciudad, ni los personajes, ni las motos, absolutamente nada luce como si tratase un juego de hoy en día, y sintiéndolo mucho, ni de la generación anterior. Cuando se nos mostraron ciertas imágenes, todos pensábamos, madre mía, tiene una pinta brutal. Pero tras verlo más de cerca y jugar, nos hemos dado cuenta que nada más lejos de la realidad. Podemos chocarnos con un árbol que lo traspasaremos, pero podemos chocarnos con un coche que lo levantaremos del suelo y a nosotros no nos pasará absolutamente nada. Las ruedas parecen nuevas todo el rato, no se ensucian, la ropa de nuestro personaje es de platico duro, ni si quiera se mueve con el aire, y como decíamos al principio, el manejo de la moto es triste y aburrido. La moto no tumba, al movernos hacia detrás el personaje no moverá los pies, ni tumbará la moto al girar. En definitiva, no se salva nada en este apartado, ya que ni si quiera la ciudad resulta atractiva, a pesar de que el mapeado no es del todo pequeño, pero sí poco cuidado.

En Road Rage solo encontraremos un poco de variedad, y quizá resulte algo atractivo en las motos y armas a desbloquear, así como la posibilidad de personalizar o tunear nuestro vehículo. Pero como decimos, ninguna moto destaca más que la otra, sino que sigue manejándose de la misma forma nefasta. Y eso que nos encontramos con tan solo dos botones de ataque, uno derecha y otro izquierda, uno para el nitro, y los dos gatillos, uno para acelerar y otro para frenar (como si este último sirviese de algo).

La estructura de las misiones, se basan en recibir un mensaje al teléfono del personaje que nos la asignará, habrán carreras normales en las que tendremos que quedar primero, misiones de acrobacia, pero que de acrobacia poco, ya que solamente podemos hacer caballitos y en las rampas (todas iguales) que hay no se puede ejecutar ningún truco. Y luego tendremos otras de buscar a alguien en concreto, bueno, más bien nos lo marcan, y acabar con él. Un total de 42 misiones y 56 adicionales serán las que estarán a nuestra disposición, pero que ninguna dará la sensación de avanzar en una historia inexistente.

En la ciudad, como decía, no pasa nada que llame la atención, ni tan siquiera incita a la exploración, a pesar de que la compañía ha querido presentarnos un mama a lo GTA, de echo hasta el sistema de estrellas de la policía es idéntico, pero no pasa nada, ni chocándome consiguió darme caza la policía.

Pero bueno, aunque no hay nada que nos divierta en el juego, podíamos pensar que quizá el multijugador sí podía resultarlo, y para nada, ya que no fui capaz de encontrar con nadie con quien jugar a pesar de llevar nueve días a la venta el título. Una pena.

En cuanto al apartado sonoro no hay nada que destacar, nos encontramos ante un par de temas en bucle y sin descanso, que lejos de querer dar un tono macarra al juego, dan un toque cansino, y encima parecen estar sacados de unas librerías cualesquiera de temas sin copyright.

Puntuación
Gráficos
28 %
Sonido
28 %
Jugabilidad
30 %
Diversión/Duración
35 %
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Para mí el 50% de lo que hace bueno algo es su BSO. Desde mi Atari 1040ST que entiendo los videojuegos como una forma de vida. SEGA mi amor de la juventud, Sony mi amor de aquel verano y XBOX mi presente y espero que mi futuro. Los JRPG y los Fighting Games están a otro nivel.