Análisis de Stonefly para Xbox Series X

Vuelvo a la carga con un nuevo análisis. Esta vez no se trata de carreras, ni rpgs, ni de juegos de deporte, en esta ocasión os traigo un juego más contemplativo, íntimo y preciosista. Esta semana tengo os traigo el análisis de StoneFly, de Flight School Studio. Un juego que nos trae una aventura de superación, exploración y un sistema de combate bastante único aderezado con unos gráficos muy simpáticos al más puro estilo película de animación 3D. Sin más dilación, vamos a conocer en más detalle la propuesta que nos presenta este título.

Lo primero que llama la atención en Stonefly es el apartado gráfico. El juego cuenta con unos gráficos 3D con acabados pastel y pintura sencilla mate. Curiosamente me recuerda poderosamente a esas películas de animación 3D de los 90′, ya sabéis, personajes afables, mucha naturaleza y un mundo de ciencia ficción imposible. Este acabado artístico hace que resulte atractivo observar a la protagonista o los escenarios en busca de detalles y relajación visual. Asimismo, el juego ofrece personajes variopintos, aunque poco variados, que van desde otros humanos, hasta seres antropomorfos más próximos a un insecto.

No es de extrañar que seres no tan humanos se junten con las personas, pues el tamaño del personaje medio no supera al de un escarabajo cualquiera del bosque. Esto hace que toda la ambientación se base en el lecho del bosque o las copas de los árboles, según la zona que estemos explorando. Por otra parte, los asentamientos poblados son más bien campamentos improvisados, y la gente vive más bien como nómadas en busca de alimento y comercio. Para moverse por este mundo a pequeña escala, los habitantes usan vehículos que se asemejan a insectos, los cuales permiten saltar, planear e incluso combatir contra los feroces insectos.

Nuestra historia comienza con una joven que vive con su padre. Este hombre es un ducho mecánico, pero necesita material para una reparación en curso, así que nuestra protagonista decide tomar el vehículo de papá para ir en busca de los necesitado. El drama está servido cuando, a la mañana siguiente, el vehículo ha desaparecido. Por algún motivo, el padre tiene el aparato en muy alta estima, por lo que culpa a la hija de no haber cerrado el garaje al regresar. Ante esta situación, Annika, nuestra heroína, emprende un viaje en solitario para tratar de hallar aquello que le han robado y así restaurar la relación con su padre.

Para completar esta titánica tarea debemos conseguir un medio de transporte e irlo mejorando. No solo por las capacidades de movimiento de dicho dispositivo, sino porque el bosque es un lugar peligroso, y defenderse es una necesidad básica. Nuestro vehículo puede saltar y planear como he comentado anteriormente, pero también ofrece armamento y capacidades defensivas. Con esto en mente, el combate se basa en una premisa bastante única. Debemos aturdir a los insectos y luego expulsarlos de la rama en la que combatimos con empujones de aire. Parece sumo, pero a pequeña escala.

Desde insectos que con un ataque ya quedan expuestos, hasta grandes escarabajos cornudos que nos embestirán sin compasión y solo dejarán pequeños espacios para tratar de aturdirlos. Hay bastante variedad entre los enemigos que hallamos. Cada uno ofrece diferentes mecánicas y ataques, y cuando se combinan el escenario puede ser una pesadilla. Algunos muerden, otros disparan, algunos embisten y los más pequeños tan solo se dedican a recolectar materiales para que nos los consigamos nosotros. Cada enfrentamiento es un puzle donde escoger que enemigos priorizar a la par que tratamos eliminar la mayor cantidad de una misma vez.

Cuanto más avancemos por el “mundo”, mayor será el reto en combate. Por ende, necesitaremos añadir funcionalidad y mejorar la resistencia de nuestro pod. Para esto tan solo debemos reunir materiales durante el viaje y descubrir mejoras. Estas mejoras aparecen de forma automática mientras jugamos, puesto que Annika tendrá ideas según los problemas que se encuentre. Aunque algunas formarán parte de la campaña y nos las ofrecerán nuestros aliados; generando así puntos de farmeo obligado para construir una pieza clave para avanzar a la siguiente zona.

Cabe decir que estos momentos de tener que fabricar algún objeto para avanzar hacen que el farmeo se vuelva tedioso y forzoso. Para tratar de paliar esto, Stonefly ofrece un sistema de investigación para hallar la localización de insectos de tamaño titánico. Al más puro estilo Monster Hunter World, deberemos hallar moscas azules que nos guiarán a los rastros de estos entes alfa. Cuando localicemos a uno, podremos iniciar un escenario especial sobre la espalda de este insecto para tratar de recolectar todos los materiales posibles antes de que se vaya. Pero nada es fácil en esta vida, por lo que estas minas ambulantes estarán plagadas de enemigos cada vez más duros.

Por desgracia, aunque el apartado visual y la exploración son satisfactorios, la sensación de repetición constantes para reunir materiales se hace tediosa. Además, no basta con tener los objetos clave para la historia, puesto que si no vamos mejorando la nave cada vez será más complicado sobrevivir a los viajes, por lo que repetiremos zonas si no somos lo suficientemente hábiles o resistentes. El juego dura unas escasas horas, pero se siente alargado artificialmente con estas fases de recolecta de materiales.

En definitiva, Stonefly es un preciosista juego que busca contar una historia de superación, aventura y relaciones interpersonales. No obstante pierde el norte con el farmeo forzado y la repetición de secciones. Si bien la duración de la campaña es de una escasas horas, siempre se puede alargar si os gusta dicho farmeo y queréis mejorar la nave todo lo posible y recorrer todo el mapeado.

Stonefly

19.99
6

Nota

6.0/10

Pros

  • Apartado artístico evocador
  • Sistema de combate original
  • Sistema de exploración atractivo

Cons

  • Farmeo forzado
  • Duración escasa
  • Diseño de de misiones anticuado

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