Desata un infierno de balas y frenesí en  Pawarumi, un nuevo shoot em up que aúna mecánicas de varios referentes del género con una definida identidad propia

El panorama del desarrollo de videojuegos independientes nos ha dejado grandes y maravillosas obras a lo largo de los años, así como devuelto algunos de los géneros o clásicos más emblemáticos del sector en forma de sucesores espirituales o emulaciones de fórmulas de nicho. De esta forma, hemos gozado de muchos títulos más que brillantes, los cuales en muchas ocasiones se deben autofinanciar o buscar ayuda en la comunidad mediante crowdfunding, pero desde luego hemos vibrado como en su día hicimos con nuestras primeras andaduras en el sector.

Por ello, es una auténtica gozada el poder ver como géneros como el shoot em up, las plataformas, el run and gun u otros de este estilo, que se han quedado un poco delegados y sin propuestas asiduas, tienen una segunda oportunidad. Sin embargo, en este texto vamos a centrarnos concretamente en los shoot em up, pues en el análisis que nos atañe tenemos a Pawarumi. Se trata de un título con claras referencias o influencias a clásicos modernos que han sentado una evolución clara en este tipo de juegos, como Ikaruga, Super Hydorah, Sine Mora Ex, entre otros.

Así pues, Pawarumi sin hacer mucho ruido ha conseguido aterrizar en nuestras consolas, con el fin de hacerse un hueco entre los referentes anteriormente citados. Y algo hay que tener claro, y es que dedicación y ganas no le faltan a este proyecto. Manufacture 43, un estudio independiente francés afincado en Bordeaux, se ha encargado de ello y ciertamente su cariño y devoción por este género ha quedado más que palpable en este trabajo al mostrar unas mecánicas complejas, atractivas, divertidas y sobretodo adictivas.

Anteriormente habíamos comentado que generalmente estos proyectos necesitaban de una campaña de financiación colectiva, y Pawarumi no ha sido menos. Su campaña de Kickstarter fue un éxito rotundo, pues a fin de cuentas aquí le tenemos finalmente. Y es que su carta de presentación no podría ser más atractiva para los amantes de este género. Por un lado, tenemos la característica perspectiva vertical con desplazamiento en ambos ejes (vertical y horizontal), por otro lado, tendríamos la increíble ensalada de tiros y patrones balísticos tan común en este tipo de bullet hell, y posteriormente, una estética que mezcla lo azteca-futurista, un toque que define la personalidad propia de esta propuesta a la par que marca la diferencia frente a sus arduos competidores.

La jugabilidad de esta obra es claramente su punto más fuerte,  y el pilar sobre el que gira toda la experiencia que nos brinda. Esta se cimienta sobre unas mecánicas bastante complicadas de dominar y complejas, como decíamos, así como un tanto difícil de explicar. Aun así, vamos a intentarlo y además que se entienda de la mejor forma posible. Bien, Pawarumi toma en gran parte la fórmula que en su día nos presentaba Ikaruga, hace ya la friolera de 20 años, sin embargo, la eleva exponencialmente a un nivel más exigente y profundo. De esta forma, la nave que pilotamos tiene la posibilidad de transformarse en tres variables distintas, cogiendo como referente unas reglas o directrices muy sencillas, pero complicadas de llevar a cabo en un principio, las cuales se basan en el tradicional juego de piedra-papel-tijeras.

Partiendo de este concepto, Axo (el piloto que controlamos) tiene a su alcance tres armas distintas proporcionadas por Chukaru, la nave. La primera de ellas, se llama Serpiente y  su principal poder es disparar una retahíla de proyectiles a modo de ametralladora que alcanza a los enemigos tanto a corto como a largo alcance. La segunda es  Condor, un poderoso rayo que se proyecta en frente de nosotros y puede atravesar una gran cantidad de enemigos a la vez, muy devastadora la verdad. Y finalmente, la tercera es Jaguar, la cual tiene un rango de alcance en forma de cono que dispara una salva de misiles destruyendo a los enemigos que tengamos más cercanos, siendo quizás el arma que menos rango tiene aunque también alberga un gran poder de daño.

Bien, ahora viene lo realmente complicado y donde se lía la cosa. Estas armas descritas anteriormente, cada una de ellas, tienen un color que las representa según el dios azteca que las otorga. Asimismo, los enemigos también cuentan con esos colores, los cuales son azul, rojo o verde. Pues bien, la sustancia del asunto viene en cuanto combinamos las armas que tenemos a nuestra disposición según la situación y la sinergia entre cada uno de esos colores, así como si se trata de defendernos o atacar. Es decir, cada color es fuerte sobre otro o débil, y viceversa. De esta forma, podemos combinar las distintas transformaciones de tres formas diferentes. La primera de ellas sería Crush (aplastar, machacar), esta modalidad nos permite hacer el doble de daño frente al color débil. La segunda, Boost (estimular, aumentar), nos permite recargar nuestro escudo que básicamente es nuestra vida, una vez nos quedemos sin la partida finalizará. En esta versión de nuestra nave, tendremos que usar color contra color, es decir, si el enemigo es rojo, tendremos que disparar con la versión de nuestra nave de color rojo . Y finalmente la tercera, Drain (drenar), la cual nos permite cargar un ataque final que al desencadenarse llenaremos toda la pantalla de balas y aniquilaremos a todo enemigo presente en ella. Para drenar, sencillamente utilizaremos el color opuesto al de Crush (si azul ganaba a verde, pues en esta ocasión verde gana a azul, por poner un ejemplo).

Como veis, hay varios patrones de colores que tendremos que aprender casi de memoria para poder salir airosos de todo este infierno de balas, además también es crucial que sepamos en que momento podemos cargar nuestro ataque especial o regenerar nuestro escudo para no morir. De este modo, el videojuego requiere de varias horas para hacernos con su sistema de juego, (el cual ha sido denominado como Trinity por sus creadores), y asimilar así todas las posibilidades que tenemos a nuestro alcance. Después los combos los haremos casi de forma innata. Por ello, recomendamos encarecidamente jugar el tutorial con calma y aplomo, de lo contrario no aguantaremos mucho en las distintas fases que nos propone el título. Además, cuando dominemos todas estas mecánicas, el juego se convierte casi en un rompecabezas que una vez sabemos combinar con atino es muy gratificante.

Hasta aquí podemos leer en cuanto a las mecánicas se refiere, esperamos que hayan quedado claras y entendibles. Y bien, si el sistema Trinity es tan complicado de dominar, os preguntaréis que hay de su dificultad. Pues, ciertamente esta propuesta o experiencia es sencillamente apta para aquellos que busquen un reto o desafío de verdad, ya que su dificultad u orientación  está muy marcada por el carácter arcade o de máquina recreativa. De esta forma, a pesar de tener tres dificultades (fácil, normal o difícil), el título presenta una curva de dificultad bastante acentuada que puede llegar al punto de desquiciar si no se controla bien este tipo de juegos. Tampoco ayuda el hecho de que una vez te sale la pantalla de Game Over no puedas continuar desde el mismo punto donde pereciste, sino que empezarás de nuevo desde el principio, pues el juego prescinde de las vidas u oportunidades extra.

Con todo ello, como decimos el público, al cual va dirigida esta obra, es un tanto limitado. No todo el mundo podrá llegar hasta el nivel final, dónde el despliegue de creatividad y diseño es una auténtica delicia. En lo referente a las opciones jugables o modos, hay que decir que quizás sea uno de sus puntos más flojos de todo el conjunto. El videojuego de Manufacture 43 tan sólo tiene un modo arcade que dependiendo de la dificultad tiene más o menos niveles. De esta forma, en su máximo esplendor (la dificultad más alta) tenemos un total de cinco niveles que tiene un hilo argumental y una serie de diálogos que sirven como mero hilo conductor, pero que cumplen bastante bien con su propósito. Así pues, la duración puede ser un tanto escasa para aquellos que quieran cantidad, aunque como siempre se suele decir más vale calidad que cantidad y aquí precisamente calidad no falta. Sin embargo, para aquellas personas a quien le pueda parecer poco contenido, hemos de decir que la rejugabilidad es absolutamente viable. De hecho, la tónica arcade del videojuego se presta totalmente a ello, intentado conseguir en cada partida nuestra mejor puntuación y así ir escalando en los rankings del propio título.

Conclusiones

Pawarumi puede ser una grata sorpresa para todos aquellos amantes de los shoot em up, pues recoge todo lo bueno de anteriores referentes del género y las renueva de una forma maestra para lograr uno de los sistemas de juego más complejos de este estilo de juegos. Su profundidad y desafiante dificultad son claramente sus mayores atractivos a la vez que su propia espada de doble filo, pues por esos mismos elementos puede ahuyentar a otro público que no sea tan tolerable a nivel de paciencia o cantidad de contenido. Quién sabe si algún día esta obra de Manufacture 43  se convertirá en un referente o clásico moderno, pero lo que sí está claro es que valores e identidad propia no le faltan. Así pues, solamente os queda disfrutarlo si es que de verdad queréis una rica y abundante ensalada de tiros.

Pawarumi

14,99€
7

Gráficos

7.0/10

Sonido

6.0/10

Jugabilidad

8.0/10

Duración

7.0/10

Pros

  • Sus mecánicas con el sistema Trinity son un satisfactorio rompecabezas
  • La ambientación azteca-futurista bastante acertada...

Cons

  • ... aunque quizás algo cargada
  • Las canciones son poco variadas y muy machaconas

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