Plataformas y jefes finales a ritmo de rock.

Hubo una época a finales de los 90 y principios de los 2000 en la que los juegos de plataformas en 3D eran el pan de cada día. Las bondades gráficas de las nueva consolas permitían a los desarrolladores crear mundos coloridos y llenos de detalles, lo que hizo que aparecieran títulos de todo tipo, con los propios estudios añadiendo su propio toque para diferenciarse del resto. Estos juegos incorporaban rasgos propios, ya fuera presentando acción a raudales, fases de sigilo, variedad de armas a cada cual más estrambótica, fases de conducción, etc. Había un montón de juegos y cada uno tenía su propio estilo para mantener a los jugadores abastecidos con su género favorito, pero presentando también algo que no hubieran jugado anteriormente.

Como todo en la vida, el hype por este género se apagó. Aunque ha habido algunos intentos de resucitar el género de los plataformas, estas tienden a ser más ofertas de nicho específicamente diseñadas para llamar de nuevo la atención de los jugadores old-school. Así pues, el estudio Metronomik, con el diseñador jefe de Final Fantasy XV a la cabeza, decidieron que su nuevo título estaría enmarcado dentro de este género de los plataformas en 3D con No Straight Roads, pero añadiendo su propia visión al conjunto. La idea al menos está bien, incorporando la sincronización de la música con en el ritmo en los ataques. ¿Pero estará el resto al nivel?

El juego nos pone en el papel de Mayday y Zuke, los dos miembros del grupo de rock Bunk Bed Junction. En una ciudad que se mueve al ritmo de la música, estos están decididos a meterse dentro del ámbito comercia para así ganar fama y gloria gracias a su música. Su audición sin embargo no sale todo lo bien que debería y Tatiana, la directora del sello musical NSR y la alcaldesa de Vinyl City, los rechaza de manera despectiva. Al ver los resultados de su prueba y el poder que pudieron producir en ella gracias a la música, los rockeros se lanzan en una aventura para reparar este error, apoderándose de la ciudad distrito por distrito, chafando los conciertos de los artistas de NSR y ganándose fans por el camino.

Quizá el principal problema del título es que el argumento más parece una especie de parodia en forma de crítica hacia el mundo de la música, discográficas, managers y demás, y eso hace que en ocasiones se vuelva un poco aburrida. Por si esto fuera poco, la duración del título es significativamente corta y casi la mitad del juego se va en cinemáticas que desarrollan la historia. La trama, además, es tan simple que no requiera apenas atención para seguirla. Eso no quiere decir que sea completamente aburrida, eso sí.

El juego se estructura en niveles que conducen a las peleas contra los jefes finales. Estas son fases sencillas que únicamente requieren de evitar y atacar a los enemigos, así como ir saltando por las diferentes plataformas que encontramos. Quizá uno de los problemas más notables reside en los problemas de cámara y como se nos ofrecen ángulos extraños que nos dificultan el avance. Otro aspecto negativo es que la sincronización de los saltos cuando pulsamos el botón correspondiente falla bastante o se toma un tiempo hasta que el personaje recibe la orden. No es que estemos ante un juego difícil, pero los saltos fallidos tienen bastante que ver con unos controles no muy bien implementados, lo que hará que muramos en más de una ocasión.

Digamos que estas fases son un mal que debemos “soportar” para llegar a la mejor parte del juego: las peleas contra los jefes finales. Estas son sin duda la estrella del espectáculo y donde el concepto de ritmo/plataformas consigue sus réditos. Nos enfrentaremos a un grupo ecléctico de villanos, a cada cual más peculiar, y que está basado en un tipo de música diferente. Contra ellos, deberemos armarnos de paciencia, estrategias y gadgets diferentes para cada enfrentamiento. Probando y experimentando para aprender los patrones de ataque de estos jefes conseguiremos dominar el sistema de rechaces de ataques que incorpora el ritmo de la música y así vencer al enemigo. Esto sin duda es la mejor parte del título, ya que todo forma parte de un proceso que se hace divertido. Una vez que la versión del jefe original ha sido vencida, una versión diferente podrá ser desafiada con un nivel de dificultad mayor.

La música durante estas peleas también está muy bien hecha. Dentro de un gran número de pistas tenemos una mezcla de géneros como el música electrónica, música clásica, rap, rock, etc. La forma en que la música se mezcla con el estilo de los jefes y el de los protagonistas es algo genial. Las canciones suenan muy bien y encajan con el tono general que el juego intenta conseguir. Las voces de los personajes están en inglés con subtítulos en castellano. 

Entre los niveles de plataformas y los jefes, hay también tiempo para algunas misiones secundarias. Los fans de la banda actúan como una forma de conseguir puntos de experiencia, que pueden usarse para desbloquear ventajas como el doble salto o la capacidad de cargar con más munición. Vencer a los jefes nos dará experiencia, pero también podremos conseguirla ayudando a otros personajes en la ciudad de Vynil City.

Otro punto negativo es la cantidad de bugs que hemos encontrado. Por ejemplo, durante una secuencia en la que nuestros protagonistas están montados en un ascensor, sus texturas se desvanecen repentinamente, haciendo parecer que su piel estaba cubierta por un enjambre de pequeños bichos. O podría haber sido un efecto secundario del estilo de vida de desfase y rock and roll. Durante una simple fase de esquivar enemigos montados en una pasarela, pausar el juego significaba que se renunciaba a poder utilizar los controles al reanudar el juego. Esto puede que solo les salta a algunos jugadores, pero creo que esta es una prueba que deja a las claras que el título debería haber pasado por otro proceso de pulido antes de ser lanzado

Para un juego tan corto que presenta tantos problemas, parece una locura recomendar No Straight Roads. La historia se alarga demasiado, casi como si estuviera pensada para un juego más largo, los niveles son el peaje que debemos pasar y los sistemas subyacentes destinados a aportar profundidad están ahí, pero no incitan a ser jugados. Incluso el clímax del juego nos deja dudas de si este es el verdadero final. Las peleas contra los jefes, sin embargo, muestran destellos de brillantez por su buen diseño. El juego está diseñado para fomentar la experimentación en un género bastante trillado, así que ya dependerá de ti elegir si esta puede ser una oferta que te merezca pena. 

No Straight Roads

39,99€
6.4

GRÁFICOS

7.0/10

SONIDO

8.0/10

JUGABILIDAD

6.0/10

DURACIÓN/DIVERSIÓN

4.5/10

Pros

  • Las batallas contra los jefes finales. Espectaculares
  • Una selección musical amplia y con diversidad de estilos
  • Sistema de progresión interesante
  • Argumento totalmente olvidaba

Cons

  • Las fases de acción y plataformas son repetitivas
  • Mala implementación de controles
  • Corto y apenas rejugable

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