¡A romper ladrillos se ha dicho!

Hablar de Pong! es hablar de la historia de los videojuegos. El juego programado por Allan Alcorn no fue el primero en en la industria, pero sí que estableció nuevos conceptos culturales y allanó un camino en este hobby que sigue vigente a día de hoy. No sólo fue capaz de eso, sino que estableció las bases jugables de otras tantas propuestas clásicas como Centipede, Space Invaders o Arkanoid. Unas bases jugables que siguen conviviendo con nosotros en la actualidad, y prueba de ello lo tenemos con Glaive: Brick Breaker, lo nuevo de Blue Sunset Games, quienes buscan retrotraernos a aquella maravillosa época dorada de los videojuegos, aportando su toque contemporáneo. ¿Encajará bien esa mezcla?

Hablar de las mecánicas de Arkanoid, y por tanto, las pertenecientes a Glaive: Brick Breaker es algo bastante sencillo de entender. El concepto no puede ser más simple: nosotros controlaremos a una suerte de nave que deberá hacer rebotar a una pelota con la que ir destrozando todos los cuadrados de la pantalla. El reto consistirá en impedir que la pelota se “nos escape” por la parte inferior de la pantalla, y para ello deberemos usar nuestros reflejos para evitarlo. Según vaya progresando la fase, y el tiempo vaya pasando, la bola irá cogiendo más y más velocidad, siendo el desafío mayor cuanto más rápido sea el movimiento de nuestro esférico amigo. Por suerte o desgracia, en Glaive: Brick Breaker esto no es tan notorio como en otras propuestas similares, y la sensación de desafío o dificultad se disipa.

Cuando empecé a jugar a Glaive: Brick Breaker esperaba algún cambio en el concepto jugable antes descrito. Sin duda es una propuesta que simplemente con la premisa básica vista en Arkanoid ya entretiene, pero sería repetir por enésima vez el mismo juego desarrollado en 1986. Hay cambios y variaciones, no lo vamos a negar, aunque reconozco que se quedan cortos y no dejan de ser pequeñas alteraciones en unas mecánicas jugables que pueden dar más de sí. A decir verdad, hay versiones de NES que han dado más de sí, como el mítico Breakout. ¿Esto lo hace un mal juego? Para nada. Pero quienes sean asiduos a este concepto de destruir bloques con la pelota que no esperen encontrar alguna novedad de peso.

En Glaive: Brick Breaker contaremos con la inestimable vertiente single-player separada en tres secciones. Por un lado, tenemos el mundo clásico bien conocido por todos, luego tenemos el mundo de neón, con bloques que aportan nuevas mecánicas como engullir a la bola para luego escupirla donde la plazca, y después tenemos las fases heladas de invierno .Habrá multitud de niveles, y sumando los tres mundos descritos contaremos con más de 200 fases donde destrozar ladrillos. Puede parecer una exageración, pero para quienes sean asiduos a este tipo de propuesta nunca hay demasiados niveles, e ir completando poco a poco el juego puede ser una delicia.

El cambio descrito entre los tres mundos no será la única variación que encontraremos. Habrá pantallas donde manejaremos a dos palas: una en la parte inferior y otra en la parte superior. También habrá fases donde los bloques aparecen y desaparecen, siendo más difícil acabar con ellos. Y por supuesto, no podían faltar los jefes finales. Por suerte para nosotros, tendremos ayudas en forma de potenciadores que nos permitirán alargar la pala, crear un campo magnética alrededor, disparar unos rayos láser, hacer que la bola sea más grande o que vaya más despacio, sólo por mencionar algunas de estas ayudas. Ojo con estos potenciadores, ya que no todos jugarán a favor nuestro, sino todo lo contrario, ya que reducirán el tamaño de la pala o acelerarán el movimiento del esférico.

Hasta aquí todo parece ir con normalidad. Una versión más de Arkanoid rescatado para la actual generación de consolas. Todo correcto. El problema reside en que los controles no son tan precisos como uno puede legar a esperar. No sé si es problema de que el juego no cuenta con píxeles, (sino que figuras poligonales), si es debido a que los controles no son tan fluidos como deberían, o puede que sea yo que estoy perdiendo facultades, pero sentí el control algo tosco. En este tipo de propuestas la jugabilidad debe estar por encima de todo, y si eso no funciona al 100%, entonces el juego falla. Los rebotes que realizamos no tienen una lógica que sí encontramos en otras propuestas similares, y como he dicho, la velocidad de la bola no va aumentando. Esto conlleva un descenso en la dificultad, y aunque parezca beneficioso para el jugador, también hace que cada fase se alargue demasiado.

Esta vertiente para un sólo jugador no es lo único que encontramos en Glaive: Brick Breaker. Existe un modo versus donde vernos las caras contra un amigo en partidas locales. De hecho, estas partidas se alejan del concepto visto en Arkanoid y el juego se convierte en un Pong! con obstáculos por medio. Es una buena forma de pasar el tiempo con amigos, aunque existen otras modalidades igual de curiosas, como el editor de niveles. Si 200 niveles se nos quedan cortos, podemos crear los nuestros propios de una manera sencilla y accesible. Lástima que no se pueda profundizar más en unas mecánicas que no se han explotado, o que no podamos compartir nuestras creaciones con el resto de la comunidad de jugadores.

Por cierto, aunque gráficamente es escueto y sin grandes alardes visuales, no puedo decir lo mismo de su apartado musical. La banda sonora que acompaña a la obra de Blue Sunset Games está muy lograda, con temas electrónicos de buen gusto y a un buen nivel. En ocasiones hasta me llegaron a recordar a varias piezas del fallecido DJ AVICCII, y con eso ya os puedo dar una idea de por dónde van los tiros (guardando las distancias, obviamente). Sin duda, se agradece ese esfuerzo por brindar buena música y hacer el destrozo de bloques una tarea más agradable.

Conclusión

Glaive: Brick Breaker es un Arkanoid más, pero recuperado para la actual generación de consolas. Las mecánicas siguen siendo tan adictivas como hace 30 años, y en ese aspecto puede propiciar horas y horas de diversión gracias a los 200 niveles que tiene. Por desgracia, tampoco vemos una innovación en el género que nos sorprenda, y hubiese sido interesante contar con un giro de tuerca ofreciendo algún añadido nunca antes visto. De hecho, en ciertos elementos vemos hasta un retroceso, como en el comportamiento de la bola cuando interactúa con la pala, o en la falta de desafío al no tener un aumento de velocidad en el esférico. Al menos contamos con opción para jugar contra un amigo en local y un editor para crear las pantallas que siempre hemos tenido en mente.

Glaive: Brick Breaker

9.99€
6.5

Gráficos

5.0/10

Sonido

8.0/10

Jugabilidad

6.0/10

Duración/Diversión

7.0/10

Pros

  • El apartado musical destaca bastante
  • Modo editor por si 200 fases se nos antojan pocas
  • Puedes jugar al Pong! contra un amigo en local

Cons

  • No hay novedades en su aspecto jugable
  • El control de la pala y comportamiento de la bola no están bien implementados
  • Gráficamente muy escueto y simple
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