Algunos de los desarrolladores de Bioshock vuelven a la carga con propuestas en primera persona como este City of Brass. ¿Estará a la altura de las expectativas?

Los relatos fantásticos basados en la cultura arábiga siempre han sido la fascinación de niños y adultos. Pasando por películas clásicas como Aladdin, la Momia o Indiana Jones y por videojuegos de ayer y hoy como Prince of Persia o Assassin’s Creed Origins (por citar algunos de los ejemplos más conocidos), todos nos hemos sentido embaucados por la presencia de seres de ensueño como genios, esqueletos y mil y una trampas que los palacios y pirámides guardaban. Todo esto quiere reflejarlo Uppercut Games en su juego, City of Brass, un título que nos propone vivir una exótica aventura en primera persona, aunque puede que nos topemos con un espejismo digno de contar en este análisis.

La historia de City of Brass, aunque nos otorga un objetivo y un contexto para avanzar, no deja de ser más que una mera excusa con la que ir sorteando los diferentes niveles que componen en juego. Todo se centra en la ciudad de que da nombre al juego, una urbe que antaño estaba repleta de tesoros, y donde cada ciudadano tenía riquezas para aburrir. La abundancia conduce a la arrogancia, y como ninguno de los ciudadanos querían trabajar como sirvientes, obligaron a los genios a hacer ese trabajo sucio y encerraron a tres de estos seres de fantasía para otorgar a la ciudad el gran don de la inmortalidad. Tantas exigencias, demandas y obligaciones no condujeron a nada bueno, por lo que la exitosa ciudad se vio sumida en una maldición que la condujo a la más completa ruina, dejando por sus calles todo tipo de criaturas fantasmales, esqueletos y trampas para aquellos que volvieran a pasar por allí. Cómo no, nosotros seremos uno de los pocos valientes que se atreverán a meterse en la ciudad en busca de sus secretos, aunque la misión dista de ser fácil para convertirse en toda una prueba de perseverancia, habilidad… y paciencia.

City of Brass nos propone como hemos citado anteriormente una aventura en primera persona, con ciertas particularidades que más vale resaltar. Nuestro intrépido héroe deberá sobrepasar todas las adversidades a golpe de cimitarra y látigo, intentando llegar al final del nivel antes de que se acabe el tiempo. Si bien la espada sirve únicamente para derrotar a las huestes del mal que salen a nuestro encuentro, el látigo tiene muchas más funciones, como atraer a los enemigos, aturdirlos, recoger cofres que son inaccesibles o balancearnos por las argollas esparcidas por los niveles. No todo será combatir a golpe de acero y cuero, ya que las trampas también tendrán un papel fundamental en City of Brass. Si somos perspicaces, pasaremos de ser cazado a ser el cazador usando los pinchos, gas venenoso y otra serie de artilugios a nuestro favor. Pasa lo mismo con los artefactos explosivos, jarrones y demás objetos que podemos lanzar: más nos vale hacer un reconocimiento rápido al terreno para ver que hay a nuestro alcance si no queremos pagar caro nuestros errores, literalmente. Por suerte, según avancemos en la aventura también conseguiremos poderes mágicos, con la capacidad de invocar a criaturas que peleen a nuestro bando, gesto que seguro que agradeceréis.

Hay un factor decisivo en City of Brass que puede que no acabe de gustar a todos los posibles compradores, y es su carácter procedural. Cada partida es totalmente nueva a la anterior, con cambios en la disposición de las estancias y de los enemigos, por lo que perdemos esa ventaja de memorizar el escenario y tocará improvisar con cada incursión a la ciudad. Esto no es ningún inconveniente, e incluso habrá gente que lo vea positivo, pero tener tanta aleatoriedad hace que el juego pierda grandes rasgos a efectos narrativos, o de plantar delante del jugador unos parajes como los que podríamos esperar en juegos con ese idílico contexto. Lo verdaderamente malo viene a continuación: cada vez que acaben con nuestra vida volveremos a empezar el juego desde el principio. Una idea que ya hemos visto en otros juegos, pero que aquí está mal llevada porque no ves una evolución palpable de tus acciones, ni somos recompensados debidamente una vez muertos. Al contrario que en otros títulos con la misma mecánica, como puede ser Rogue Legacy, en City of Brass no tendremos ese sentimiento de “pique” por intentar hacerlo mejor. Si con cada muerte nos dieran elementos más poderosos, armas más contundentes o alguna que otra bonificación todo sería distinto, pero no es el caso. Además, para meter una mayor dificultad al juego, estaremos siempre presionados con un reloj de arena que nos marcará el limite de tiempo para pasarnos un nivel, lo que provocará que nos precipitemos a la hora de avanzar y que tengamos un destino fatídico antes de acabar la aventura.

Alguna ayuda tendremos durante la partida, y viene condicionado por el oro y tesoros que vayamos recolectando en nuestro viaje. Será frecuente encontrar “tiendas holográficas” que nos quieran vender distintos items, armas o habilidades extra para sortear cualquier obstáculo (y os aseguramos que lo vais a necesitar) pero como he citado, estas ayudas sólo estarán activas para la partida en curso. Existe una progresión de nivel de nuestro personaje, no lo vamos a ocultar, pero ocurre a un ritmo tan lento que ni lo tendremos en cuenta, ni beneficiará de una manera palpable como si ocurre en juegos que contienen las mismas mecánicas. Esperemos que el estudio vea que a curva de dificultad es exageradamente alta y exigente como para hacer las regulaciones oportunas y que la “Ciudad de las Brasas” no se convierta en un infierno constante.

Audiovisualmente City of Brass anda un poco justito, pese a que tenemos en cuenta de que se trata de un título independiente. Aunque nos encontramos con mejoras para Xbox One X como son el HDR Y 4K, la repetición de escenarios puede llegar a aburrirnos, junto con unas texturas planas y movimientos poco fluidos que chirrían en ocasiones. Esto último puede incluso a suponer un hándicap en algunas situaciones, ya que tendremos que estar bien atentos a todos los peligros que nos avecinan y la respuesta rápida con el mando a veces deja algo que desear. No es que funcione mal a efectos visuales, ni mucho menos, porque se trata de un juego muy colorido, pero da la sensación de que se podría haber dado un poco más de sí. Lo mismo pasa con las melodías que nos acompañarán a lo largo de nuestro periplo: casi todas con un toque oriental que nos hacen viajar a esas calles de cobre y muerte, pero que al final se quedan algo vacías, y pronto incluso olvidaremos de que están ahí. Al menos podemos contar que el título viene con textos al español, que vendrá de perlas para aquellos que quieran conocer la breve historia del juego o la descripción de cada objeto que podemos comprar en las tiendas.

 

Conclusión

El sistema procedural con la muerte permanente son dos conceptos que hay que trabajar muy bien para que los juegos resulten divertidos. City of Brass se queda a medio camino, con unas mecánicas curiosas usando la cimitarra y el látigo, pero sin una evolución palpable de nuestro héroe que puede hacer que nos rindamos antes de tiempo. Si nivelasen ese concepto, seguro que mucha más gente disfrutaría de cada fase que propone Uppercut Games en su juego.

19.99€
6.5

Gráficos

7.0/10

Sonido

6.0/10

Jugabilidad

7.0/10

Duración/Diversión

6.0/10

Pros

  • El látigo y sus funcionalidades
  • La sensación constante de peligro
  • Conseguir un arma chula en la tienda

Cons

  • Sobra el límite de tiempo
  • También sobra la muerte permanente
  • Poca bonificación o progresión cuando mueres