Análisis de Citadel: Forged with Fire para Xbox One

Esta semana me ha tocado poner a prueba mi instinto de supervivencia a la par que mis aptitudes para ingresar en Hogwarst. He decidido retrasar un poco este texto puesto que analizar un juego de este calibre no solo requiere tiempo y estudio, sino gente con la que compartir la experiencia. Por ende, tras un fin de semana de aventuras mágicas me dispongo que exponer lo bueno, lo malo y lo mágico de Citadel: Forged with Fire, de mano de Blue Isle StudiosVirtual Basement LLC.

Citadel: Forged with Fire es un punto medio entre un MMO clásico y un survival de los últimos años. En esencia apunta al epicismo vivido hace ya una década en juegos como Lineage II, pero tomando los derroteros de Ark y sus semejantes. Porque eso es Citadel: Forged with Fire, un juego de supervivencia en un nuevo envoltorio -¡Pero tiene un sombrero nuevo!-. De buenas a primeras creamos a nuestro héroe o heroína con un sistema típico de edición. Luego decidimos en que punto del mapa aparecer y acto seguido renacemos en el mundo desde las brasas en una cinemática llamativa. Podemos optar por seguir el tutorial, poco satisfactorio, o explorar el mundo por nuestro pie. Esta última opción no la recomiendo si sois nuevos en el género.

Apunta al epicismo vivido hace ya una década en juegos como Lineage II

Las buenas descripciones o la información necesaria brillan por su ausencia. Seguir el tutorial me supuso un quebradero de cabeza lleno de textos largos que una vez aceptados no se podían volver a leer, además de la falta de instrucciones precisas de como acceder a menús, fabricar lo solicitado o sencillamente por donde empezar a buscar. Si de algo peca este título es de la abrumante cantidad de información que quiere darnos y no sabe como gestionar para que no nos abofetee la cara cruelmente. Asimismo el sistema de control, apuntado y menús, claramente se han diseñado para teclado y ratón, lo cual hace que usar un mando se convierta en un reto al nivel de Cuphead. Y aprovechando la referencia a juegos difíciles, el combate realmente es poco interesante, a no ser que dispongamos de un buen elenco de hechizos que lo vuelvan más vistoso.

Las buenas descripciones o la información necesaria brillan por su ausencia

Los primeros compases pueden ser una pesadilla de menús, accesos rápidos y descripciones que leer(y memoriza, a poder ser). Sin embargo, una vez pasado el trauma inicial, el juego ofrece unas posibilidades prácticamente ilimitadas dentro del género. Pues si bien no es Minecraft, la creatividad y la conquista del mundo son sus bases principales. De esta forma, como en la vida misma, cada acción que realizamos, excepto andar, otorga experiencia. Recoger piedras, cosechar plantas, matar jabalíes o descubrir nuevas áreas nos hará crecer y subir de nivel. Cada nivel nos ofrece mejoras estadísticas y puntos de conocimientos que invertir en aprender nuevas capacidades.

Mediante un árbol de habilidades, de los de toda la vida, podemos ir adquiriendo aptitudes para la construcción, la herrería, la joyería, la sastrería… y muchas otras artesanías útiles. Sin olvidar locuras como escobas voladoras, y otras sorpresas. Pues Citadel: Forged with Fire pretende darnos las herramientas necesarias para construir nuestro imperio mágico definitivo y ser los magos más poderosos. Sin embargo hay tantas cosas que aprender y fabricar que en solitario puede ser una tarea titánica.

En solitario puede ser una tarea titánica

No solo construimos casas, armas y ropas, también debemos crear nuestros propios hechizos. El sistema es un poco caótico pero bastante original. A través de cuatro escuelas de magia y como elemento básico el arcano, podemos asignar hechizos a nuestras armas para las ranuras derecha e izquierda. Esto se traduce en el uso de los gatillos RT y LT para lanzar los conjuros asignados. Lo intrincado del asunto recae en combinar elementos diferentes con algunos materiales para crear otras magias. Esta parte la estuve probando libreta en mano para apuntar como crear cada hechizo. Dado que las armas se pueden romper o las podemos perder al morir, es importante saber replicar los hechizos más útiles.

El sistema es un poco caótico pero bastante original

Este juego incita a forjar alianzas y buscar ayuda para construir nuestro propio reino. En mi propia experiencia me junté con varios amigos para repartir las tareas y aprender cada uno habilidades diferentes para avanzar más rápido. De esta forma mientras unos construyen la primera cabaña que poco a poco será una fortaleza, otros forjan, recolectan o amansan criaturas para el reino. Si bien optamos por un servidor PvE, donde los otros jugadores no pueden atacarnos, en los reinos PvP cualquier jugador, o ejército, puede atacar un asentamiento y reducirlo a ceniza o reclamarlo como propio. Los reinos PvP seguramente se convertirán en campos de batalla llenos de épicos momentos y guerras masivas entre jugadores. Bueno masivas tampoco, cada servidor tiene aforo limitado, y reglas propias. La cantidad de experiencia, materiales, daño y demás parámetros son personalizables.

Como en cualquier MMO que se precie, fabricar nuevo equipamiento o incluso la cabaña más básica, requiere por una parte el conocimiento antes comentado y por otra los materiales necesarios. La exploración y recolección son realmente importantes. Cada cosa nueva que queramos fabricar nos obligará a ir un poco más lejos y a arriesgarnos un poco más. En los campos verdes son todo alimañas y hadas, pero más allá nos esperan los orcos, las bestias y los monstruos más temibles. Cabe destacar que la muerte se penaliza con la pérdida de todo el inventario actual, además de los objetos que se rompan en el combate. Pero tranquilos, siempre podemos regresar al lugar de la muerte para recuperar nuestras cosas… ya nos conocemos esta mecánica.

La muerte se penaliza con la pérdida de todo el inventario

En realidad, la falta de un objetivo claro o de metas que seguir mediante misiones específicas, las cuales escasean, nos ofrece un lienzo en blanco sobre el que construir nuestra propia historia. Pues pasados los diez primeros niveles el juego se pone serio y muestra sus cartas. Con un buen puñado de armas y hechizos, además de nuestros primeros zapatos, ya podemos ver el mundo. Y ni siquiera es necesario hacerlo a pie, porque el juego tiene un sistema de doma con el que convertir en aliado a cualquier ser que nos encontremos, incluso podemos usarlos de montura si son compatibles y disponemos de una silla de montar. Recorrer el mundo en oso no es rápido, pero si muy satisfactorio.

Ofrece un lienzo en blanco sobre el que construir nuestra propia historia

Me gustaría terminar hablando del apartado gráfico de Citadel: Forged with Fire, pues realmente es un espectáculo visual digno de reconocimiento. Ya sea en primera o tercera persona, el mundo resulta bello, los paisajes quitan el hipo y cada rincón y colina parece diseñado con mucho mimo. El mapa es un idílico lugar de cuento donde perdernos mientras realizamos tareas muchas veces de poco interés, aunque por lo menos la ambientación es fantásitca. A nivel sonoro, podemos decir que cumple pero tampoco presenta ninguna melodía ni sonido memorable. Aunque esto hoy día se soluciona con Deezer o Spotify en segundo plano.

Un espectáculo visual digno de reconocimiento

En definitiva, Citadel: Forged with Fire es un juego de luces y sombras. Puede pecar de menús poco prácticos e información mal presentada, pero sus posibilidades jugables son incalculables ahora mismo. Con un poco de trabajo en mejoras y contenido nuevo cada cierto tiempo, este título podría ser uno de los grandes exponentes del género y un absoluto pozo sin fondo de horas con nuestros amigos… o en solitario.

Citadel: Forged with Fire

39.99
7.6

Gráficos

9.0/10

Sonido

7.0/10

Jugabilidad

6.5/10

Duración/Diversión

8.0/10

Pros

  • Apartado visual muy atractivo
  • Posibilidades ilimitadas
  • Muy divertido en grupo

Cons

  • Puede resultar repetitivo
  • Menús poco amigables
  • Demasiada información sin filtro

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