Terror, dioses paganos y un brazo recargable

A todos, en mayor o menor medida, nos gusta el miedo. Esto se debe a un proceso totalmente natural. La respuesta al miedo comienza en una región del cerebro llamada amígdala. Cuando sentimos terror, nuestro cuerpo produce una descarga de neurotransmisores y el cerebro libera adrenalina. Un torrente de química al servicio de la supervivencia. Sin embargo, al verificar que la situación es segura, que el entorno está perfectamente controlado, el cerebro se reajusta y abre las compuertas a la serotonina y la dopamina: neurotransmisores asociados al placer, la euforia y la recompensa. Por eso nos gusta el miedo. Por unos instantes, sube el volumen de todo lo que somos.

Han sido muchas las disciplinas que han explorado, a la largo de los siglos, el miedo como concepto lúdico y artístico. Pintura, literatura, cine, música (echad un oído a Aghast, hexerei im zwielicht der finsternis) y, por supuesto, videojuegos. Hay algo en el miedo que nos excita. Y los artistas, siempre buscando una especie de estimulación molecular, se han aprovechado (en el buen sentido) de ello.

No voy a desarrollar a estas alturas una tesis sobre los juegos de terror, pero baste decir que, en este sector, siempre se ha buscado la innovación y una mezcla perfecta de ese jugo de neurotransmisores para que el jugador, al terminar la partida, sienta que todo el tiempo que ha invertido en ella mereció la pena.

Dicho esto, y dando por hecho que los que estáis leyendo estas líneas ya sois veteranos en los videojuegos de terror, comenzaré con algo sencillo y directo: Apsulov: End of Gods es una especie de híbrido entre Soma y Outlast.

Aegishjalmur 

Apsulov: End of Gods es un videojuego de aventura y de terror desarrollado por el estudio sueco Angry Demon Studio. Su historia comienza cuando la protagonista (una joven cubierta con ropa y tatuajes vikingos) se despierta en un lugar extraño sin recordar quién es, dónde está ni, por supuesto, qué diablos hace allí. Este inicio ya es tan habitual en los videojuegos de terror que, sinceramente, es de aplaudir cuando un personaje recuerda, como poco, su talla de zapatos o su comida preferida.

Con todo, la originalidad de la propuesta narrativa reside en su contexto, muy adelantado en el tiempo a la edad de hierro germánica, y nos sitúa en un futuro no tan lejano donde unas instalaciones de investigación, en apariencia olvidadas, van a resultar el leitmotiv de toda nuestra aventura. Además, para mayor desconcierto, estaremos bajo la amenaza de una voz extraña que parece empeñada en dificultar nuestros avances.

La inclusión de la mitología nórdica en la historia es todo un acierto. A pesar de los tropos que se agolpan para ver cuál de ellos se repite primero, esta vez los experimentos que “salen de aquella manera” tendrán mucho que ver con la magia de Yggdrasill y los Nueve Mundos que sostiene dicho árbol según los textos de la mitología escandinava.

He aquí que nuestro viaje se centrará en la búsqueda de respuestas a todas estas preguntas. Para ello, contaremos con grabaciones y documentos (algo que ya hemos visto decenas de veces) repartidos por todo el mapa y que nos irán metiendo poco a poco en la historia. En Apsulov: End of Gods esta mecánica resulta muy interesante, pues tendremos que juntar las piezas del puzle que conforman estos “diarios”. Además, nos toparemos con personajes importantes y una buena cantidad de diálogos que nos irán situando en el ojo del huracán, por decirlo de alguna manera.

Yo… ¿Quién… soy? ¿Adónde… voy? ¿Qué…? Espera, ¡pedazo tatuajes, loco!

Vegvísir

Poco después de comenzar la andadura por esta instalación o santuario de piedra y acero abandonado, nuestro brazo derecho será sustituido por una prótesis cyberenergéticamecánicaláser capaz de emitir potentes pulsos de energía (what?). Haremos uso de dichos proyectiles para resolver puzles (apertura de puertas y activar ciertas ubicaciones) e incluso para prolongar nuestra supervivencia atacando a los enemigos, pese a que en esta tesitura el juego no destaca demasiado. La munición escasea, y tendremos que gestionar muy bien el uso de nuestro brazo-arma. La alternativa es correr pulsando L, porque aquí no te puedes esconder. Correr hasta que nos pierdan de vista. Pero, de atraparnos y morir, podremos resolver un pequeño puzle para retomar la partida donde lo dejamos.

Otra mecánica del juego es la de la vista. Se trata de una especie de visión sobrenatural que nos permite ver en la oscuridad, detectar enemigos y revelar mensajes ocultos con los que resolveremos puzles… demasiado sencillos incluso para los jugadores que nunca han tocado un juego de terror. Hacer uso de la vista consumirá energía, que se repondrá poco a poco y de manera automática cuando dejemos de usar dicha habilidad. Tranquilos, no sufriremos en ningún momento por ella.

A mi juicio, no es que Apsulov: End of Gods carezca de verdadera tensión. Hay situaciones originales y dignas de un survival horror en toda regla, pero se demoran tanto en aparecer que casi llegamos a ellas desganados, muy poco impresionables para entonces. Y eso que el juego dura en torno a las 5 horas.

¿Traes crema protectora solar? Oh, mi brazo necesita… aceite.

Hávamál

La ambientación resulta competente, pese a la constante (más o menos comprensible) oscuridad y espacios vacíos que nos encontraremos la mayor parte del tiempo. Toda la piedra y todo el acero presentan una decoración y diseños vikingos, lo cual aporta un toque de originalidad bastante interesante, pero bien es cierto que muchos escenarios no cuentan con excesivo detalle, y todo el interés visual que nos habían despertado en un momento y lugar determinados, se diluye con la misma rapidez minutos después.

La banda sonora es inmersiva, pero no destaca ni sorprende en ningún momento, lo cual es algo que se puede aceptar en este género. Quiero decir, de todas las ocasiones en las que dejaba de jugar, en ninguna he recordado lo más mínimo los acordes que me han acompañado ese tramo de la aventura. Por otra parte, los efectos de sonido, tales como gruñidos, escaleras, poleas y pasos, son muy competentes y favorecen la construcción de un ambiente opresivo en el que, en ocasiones, nos sentiremos verdaderamente aislados.

Los dioses de piedra observando una gran impresora 3D.

Blodstokkinn

Resumiendo. Apsulov: End of Gods no es el mejor juego de terror, y tampoco lo pretende. Cumple y entretiene, y su trasfondo vikingo y toda su mitología harán las delicias de aquellos que, como un servidor, disfrutan de su elaborada y compleja urdimbre cosmológica. A pesar de los defectos de Apsulov: End of Gods, cometidos también por muchos otros juegos que incursionan en el género de terror (salvo honrosas excepciones, como Visage), su ambientación, su historia y ciertos momentos bastante acojonantes, creo que son motivos suficientes para hacerse con esta obra, cuyas influencias de clásicos del género podréis apreciar en todos y cada uno de sus aspectos jugables.

Apsulov: End of Gods

29,99 €
6.5

6.5/10

Pros

  • Su original puesta en escena
  • Una fusión acertada entre géneros

Cons

  • No hay sensación de vulnerabilidad
  • Puzles muy sencillos

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