Anodyne 2: Return to Dust nos embarca en la misión de Nova por ayudar a los demás.

Empecé a jugar Anodyne 2: Return to Dust tras observar un tráiler que me dejó bastante extrañado por la peculiar estética del videojuego. Lo que empezó en una sesión corta para comprobar cuál era su propuesta jugable terminó por extenderse cerca de dos horas y en sesiones de juego cada vez más largas. Si algo hace bien Anodyne 2 es enganchar tanto con su narrativa como mecánicas. Sean Han Tani y Marina Kittaka, sus desarrolladores, se las arreglan para constantemente estar sorprendiendo al jugador y evocando a una estética retro nos brindan un videojuego cargado de reflexiones e ideas brillantes a cada nivel que se avanza.

De Ocarina of Time a 2021.

Si bien la serie cuenta con un lanzamiento previo, el primer Anodyne de 2013, es que desde el principio se manifiesta que no es necesario haber jugado a este título para encarar la secuela que en 2019 llegó a PC y recientemente a consolas Xbox. Ambos, tanto el primero como el segundo Anodyne se conectan bajo la premisa de encargarnos de una tarea de purificación. Eso sí, no habiendo jugado al primero y para no pecar de desconocimiento no puedo hablar demasiado de las conexiones que puedan haber entre ambos. En Anodyne 2: Return to Dust somos despertados por dos extrañas voces, Palisade y Samister, quienes se convertirán en nuestras guías por el surrealista mundo con estética de la era de PlayStation 1 y Nintendo 64 que el videojuego tiene.

Nuestro nombre es Nova y somos una criatura capaz de reducirse a tamaños microscópicos, habilidad que poco tiempo después se nos dirá que es la clave para derrotar el mal que consume al paisaje y criaturas del mundo, las nanopartículas de polvo. Hay dos formas de encarar este videojuego, una es cumpliendo a cabalidad con la parte más mecánica de ayudar a otros e ir de punto A a B sin prestar mucha atención a lo que se diga. Otra opción es dejarse atrapar por lo que tiene por decir el videojuego, su estética o en ocasiones extraños diálogos, todo rodeado por un aura de misterio y fascinación que envuelve cada partida.

El videojuego tiene puntos en los cuales deja comentarios bastante reflexivos y que considero cada jugador podrá interpretar de forma distinta así que valorar lo que para mí puedan significar sería cerrar la puerta a otras interpretaciones. Desde el primer minuto se nos arroja un montón de información que será nuestra tarea como jugadores ir hilando todo. Más allá de las reflexiones a las que se de paso, personajes fuera de lo común y paisajes irreconocibles es que la conexión más relevante entre el primer y segundo Anodyne llega al momento de ingresar al mundo nanoscópico.

Un videojuego a dos escalas.

Para remover la corrupción dentro de los seres es que Nova se reducirá a un diminuto tamaño que el videojuego representa mediante secuencias 2D. Queda entonces la parte 3D relegada para el plataformeo y exploración mientras que la parte en 2D lo hace para la parte más mecánica y en la cual poner en acción las habilidades de la protagonista. Ninguna de estas partes es más relevante que otra y la constante ida y vuelta entre perspectivas es algo que se siente muy cómodo. Tanto la parte 3D como 2D se reinventan continuamente así que palabras como repetición o aburrimiento no llegan a aparecerse ni por asomo.

La dualidad entre colores más apagados entre el mundo de tamaño real y el de tamaño nanoscópico presentan dos estéticas muy diferenciadas, por un lado un mundo al cuál ver con fascinación pero también con cierta precaución y por el otro lado un mundo repleto de color y que a cada criatura a la que entramos muestra mecánicas diferentes. El mundo nanoscópico es entonces el que más cambia, seguramente por el hecho de tratarse de criaturas diferentes, aunque guarda elementos comunes como ciertos enemigos, formas de superar un determinado obstáculo y por supuesto el objetivo principal, destruir la estructura de polvo que está corrompiendo a la criatura.

A nivel de dificultad puedo decir que el balance está conseguido a la perfección y casi siempre es fácil pensar el cómo sortear las situaciones que se presentan. En el mundo 2D contamos con un medidor de salud y total de partículas recolectadas, atributos que podremos ir mejorando entre más avancemos. Esta secuela podría haber sido, al igual que el primero, un videojuego solo en 2D pero dar el salto al 3D y a su vez ser fiel a las bases del primer juego es un trabajo que tiene mucho mérito. Este continuo cambio entre formas de interactuar con el videojuego es una mezcla que pudo haber resultado muy mal pero que por suerte (o seguramente mucha dedicación en su desarrollo) no tiene fallo alguno y el flow de juego consigue mantenerse en todo momento.

¿Vale la pena?

Por el poco tiempo con el que he contado últimamente mis sesiones de juego se han reducido a muchas veces a únicamente ir de battle royale x a battle royale y, jugar a Anodyne 2: Return to Dust, ha sido la oportunidad perfecta para salir de la rutina y encontrar mi primer gran sorpresa de 2021. Me ha gustado tanto jugar a esta segunda parte que ya tengo en mente sacar un hueco para jugar al primer Anodyne y es que hallar grandes ideas que además se ejecutan con tal maestría es digno de aplaudir. Ver por primera vez Anodyne 2 puede resultar desconcertante pero habiendo experimentado lo que tiene por ofrecer sé que mi única tarea es animar a jugarlo, el resto ya sucederá por sí solo.

“Habrá momentos en el que el mundo de Anodyne 2 te parezca extraño y confuso, pero en él hallarás una historia humana de lucha y relaciones”.

Anodyne 2: Return to Dust

19,99 €
8.4

Nota Final

8.4/10

Pros

  • La estética nunca deja de sorprender
  • Sin pretensiones la historia atrapa desde el primer minuto
  • Los minijuegos antes de entrar al mundo 2D son entretenidos
  • Muy buen trabajo de traducción de los textos al español

Cons

  • Su estética bien la puedes amar u odiar.
  • Los jugadores menos experimentados puede desorientarse

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