BPM: Bullets per Minute es una macabra danza de acción con cierta esencia de los clásicos de los 90

Imaginaros por un momento que podéis mezclar la vertiginosa y frenética acción de Doom con los tempos y los ritmos de la música, pero no cualquier música, sino una bien “cañera”, macarra y dura como el metal. Pues bien, dejar de imaginaros o esperar esa hipotética propuesta, pues BPM: Bullets Per Minute nos ofrece exactamente eso.

BPM: Bullets Per Minutees un juego de acción en primera persona que homenajea a los títulos del género de los 90, aunque le añade un toque musical al más puro estilo Crypt of the Necrodancer o Cadence of Hyrule así como una faceta roguelite. Toda esta amalgama de estilos puede parecer muy apetitosa y sobre el papel una verdadera pasada, pero una vez se ponen en marcha todas esas ideas… la fórmula flaquea y no es tan buena como podría haber sido.

Una rompedora balada “rockera”, así podríamos definir esta propuesta si todo hubiera salido a pedir de boca. Sin embargo, a pesar de todo, no ha sido así y es una verdadera pena. En la obra tenemos que tratar de ir aniquilando todo ser que nos barre el paso en las distintas salas de los ocho niveles que supone cada “run” o partida, pues debido a su carácter roguelite nos encontraremos diferentes niveles generados de forma aleatoria en los que si perecemos habrá que volver a empezar de nuevo perdiendo todo cuanto hayamos conseguido.

Hasta aquí puede parecer que estamos ante cualquier propuesta más del género, pero lo cierto es que BPM tiene una mecánica muy peculiar que lo diferencia del resto. En este videojuego la acción tiene lugar al ritmo de la música, así que todas nuestras acciones van en son de esta misma. De este modo, tenemos que pulsar el botón de disparo o recarga en el momento justo que indica el marcador de ritmo, de lo contrario obtendremos una penalización y el protagonista no hará lo que deseamos. Sin embargo, no todo está sujeto al compás de la música, pues movernos y esquivar lo podemos ejecutar siempre que necesitemos.

De esta forma, la jugabilidad se convierte en una especie de baile o danza macabra en la que no podemos quedarnos quietos ni un segundo. La verdad es que todo el conjunto resulta satisfactorio, y lo es, pero en muchas ocasiones nos da la sensación de no tener el control o la precisión suficiente como para acertar todos los tiros. Las batallas se nos antojan muy trepidantes y frenéticas, por lo que en muchas ocasiones pueden resultar hasta agotadoras. Por otra parte, el factor roguelite tampoco está muy bien implementado en la fórmula y no acaba de pegar muy bien en todo este batiburrillo. No obstante, la cantidad de armas: escopeta, pistola, ametralladora, lanzacohetes… es bastante aceptable y a su vez son distintas entre sí con particularidades que afectan a la jugabilidad.

Anteriormente decíamos que la faceta roguelite no es que brille especialmente, y eso se debe a que la propuesta cae en la monotonía muy rápido. Las buenas obras enmarcadas dentro del género se han posicionado ahí y son reconocidas precisamente por ofrecer variedad y progresión. Sin embargo, BPM cae enseguida en la reiteración porque en unas pocas partidas hemos descubierto prácticamente todas sus posibilidades a nivel de secretos, armas, enemigos, tesoros y eventos… Esto hace que pierda la frescura que puede ofrecer la mecánica “procedural” muy pronto.

En este sentido, los escenarios tienen un patrón marcado que a poco que exploremos sabremos dónde se esconden los secretos o las salas importantes. Asimismo, las piezas de equipo que nos proporcionarán mejoras son muy poco variadas y hay una gran diferencia entre tener unas u otras. Es decir, no es que estén muy bien balanceadas, por lo cual deja las partidas con los mejores poderes como la mejor oportunidad de obtener la victoria.

A pesar de ello, la experiencia jugable es lo suficiente satisfactoria como para estar entretenidos un buen rato, pues acaba siendo divertida al tener que seguir el compás de la música. Asimismo, el juego esconde algunos easter egg curiosos, como por ejemplo el Modo Retro. En él, toda la obra se vuelve literalmente un título de acción de los 90 como DooM o Quake. No son añadidos que supongan nada del otro mundo, pero al menos nos saben tocar la fibra nostálgica.

En cuanto a su apartado audiovisual, la propuesta cumple correctamente con su cometido. En primer lugar, tenemos el apartado artístico el cual utiliza una fuerte saturación para acentuar su ambientación tétrica y macabra. Aunque a nivel técnico, el título sufre alguna que otra baja de rendimiento que se traduce en tirones molestos en medio de la acción frenética. En segundo lugar, tenemos el apartado sonoro que sustenta una mejor calidad al tratarse de un título rítmico musical. La música del juego tiene una calidad bastante notable, de hecho nos introduce de lleno en la acción y sabe atraparnos en cada nivel al que nos enfrentamos. Asimismo, al ser piezas musicales tan intensas ayudan a que estemos en constante tensión y nos sintamos parte de la acción como tal. No obstante, la variedad vuelve a ser un aspecto que vuelve a hacer acto de presencia en este apartado, lo cual languidece un tanto el resultado final.

Conclusiones

BPM: Bullets per Minute es una obra entretenida que gustará a los amantes de los roguelite, aunque el resultado final del producto no haya estado a la altura de lo esperado. El juego tiene serios problemas de frescura y variedad, lo que se traduce en falta de contenido y monotonía prematura. Es una lástima que una idea tan brillante y con tanto potencial no haya sido ejecutada mejor. No obstante, si pasamos por alto todas sus carencias o flaquezas, podremos disfrutar de su propuesta durante unas cuantas horas.

BPM: Bullets per Minute

24.99€
6.5

Gráficos

6.0/10

Jugabilidad

6.5/10

Sonido

7.0/10

Duración

6.5/10

Pros

  • La música es muy cañera y intensa, acorde con el tono del juego.
  • La combinación de géneros es muy interesante...

Cons

  • ... pero no ha estado del todo bien ejecutada.
  • Falto de contenido, poca variedad y frescura a las pocas horas de juego

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