Una gran aventura clásica en 3D que se queda por el camino en un intento por sus problemas técnicos y de diseño

Siempre me han gustado esos títulos de aventuras y acción en 3D donde puedes recorrer su mundo de dibujos animado como Ary and the Secret of Seasons. La premisa es excelente, con mucha acción, plataformas, una historia que engancha y unos personajes principales que conectan enseguida con el jugador.

Ary and the Secret of Seasons nos lleva al mundo de Valdi, donde destacan las diferentes localizaciones dominadas por las estaciones del año y 4 guardianes encargados de mantener el equilibrio entre ellas. Nuestra protagonista, Aryelle, es la más pequeña de la familia, e hija del guardián del invierno, y se ve en la necesidad de iniciar un viaje de reafirmación en sus creencias.

Muy pronto, Ary, como la llamaremos en el juego, ve como tras la desaparición de su hermano mayor Flynn, heredero al puesto de guardián, ve como tras la caída de los cristales oscuros desde el cielo, tiene que emprender un viaje para asistir a la reunión de emergencia de los guardianes de los demás cristales estacionales por la caída en desgracia de su padre. En un principio su familia se lo prohíbe, pero Ary se corta su cabello para no parecer una niña y después de encontrar la espada de su hermano se lanza con decisión a tomar la posición como heredera del guardián invernal.

Una vez conocidas las motivaciones para iniciar la aventura, nuestro objetivo es derrocar a quien en la sombra ha urdido este plan para desestabilizar las estaciones para su propio beneficio: el hechicero oscuro. Para llegar a la reunión de guardianes, Ary tendrá que recorrer su “mundo abierto” atravesando poblados, cascadas, caminos sinuosos y fortificaciones de nuestros enemigos; la hienas salvajes y otros personajes que nos enfrentarán y cortarán el paso muy a menudo.

El combate en este título es muy sencillo, incorporando algún elemento de cosas ya vistas, como esquivar rodando, hacer bloqueo (parry) o fijar enemigos, pero aquí encontramos el primer problema de diseño. Tenemos un solo ataque a melé, el ataque simple, con el cual podemos derrotar a los enemigos sin problemas; el pero el parry no está muy bien implementado. Simplemente pulsamos el botón “Y” para parar golpes sin necesidad de sincronizar el momento, pero incluso cuando atacan varios enemigos se suceden bloqueos consecutivos que te sacan de la experiencia. Además, el contrataque es un simple golpe fuerte que tumba a los enemigos lanzándolos lejos, sin posibilidad de realizar ningún combo.

Las animaciones en combate tampoco están muy conseguidas, por lo que no sabremos que nos han golpeado si no estamos atentos al medidor de vidas, y además el juego no ha previsto ni siquiera una animación para morir. Simplemente se pone la pantalla en negro y aparecemos en el último punto de control. Nosotros apareceremos con vida renovada pero los enemigos conservarán la que tenían en nuestro enfrentamiento, al igual que pasa con los jefes finales.

Los combates contra bosses no dan muchas pistas sobre lo que tenemos que hacer y gracias a este “defecto” en la recuperación en el punto de control, podemos ir cogiéndole el tranquillo al combate y descubrir tranquilamente su punto débil.

Lo que de verdad me ha gustado en las mecánicas jugables de este título es el plataformeo y el uso de nuestros poderes como guardianes de las estaciones. Con la habilidad de congelar el escenario desde el principio, podemos descubrir zonas ocultas, llegar a sitios inaccesibles, congelar cascadas y ampliar el poder con los dólmenes estacionales, cambiamos el aspecto del mundo a nuestro alrededor ampliando las posibilidades jugables y abriendo nuevas formas de jugar y resolver puzles. Los amantes de las mazmorras seguramente amarán esta característica del juego, ya que mediante la exploración y el uso de las diferentes cristales estacionales, podremos cambiar tanto el escenario, como algunos elementos y como la interacción con los NPCs.

En nuestra aventura, tendremos siempre nuestra misión principal, pero también podremos descubrir otras misiones de manera secundaria para ampliar la experiencia y ganar nuevos trajes, armas o recursos, como las botas para hacer un salto doble, el tirachinas y comprar armas como un garrote o una katana.

En estas misiones secundarias podemos usar nuestros poderes para cambiar el estado de los personajes no jugables y conseguir nuevos objetivos o pistas, marcados en el mapa con una flecha blanca. Recorrer el mundo es muy divertido y tiene ese extraño magnetismo de los juegos de hace una o dos generaciones que te atrapa al instante y solo quieres avanzar y descubrir.

La pega está en que por falta de pulido, algunos de estos objetivos no están bien indicados en el mapa, llevándolos a callejones sin salida, y debido a una mala programación, pueden suceder una serie de bugs como caer al vacío, quedarse atrapado en el escenario, o lo peor y que requiere actualización urgente, el crasheo del juego al intentar avanzar en la historia devolviéndote al menú principal de la consola y corrompiendo la partida. He tenido que reiniciar el juego debido a un par de estos fallos y es algo que necesita ser subsanado de inmediato.

Además de estos molestos fallos, entramos en el apartado técnico, que más nos hace recordar títulos de pasadas generaciones no solo visualmente, sino en el apartado jugable y de diseño. La idea era muy buena, con un “estilo Pixar” algo simplista pero llamativo en los personajes principales, pero que da la sensación de haberse dejado a un lado en los demás participantes en su mundo.

En cuanto al rendimiento, además de pantallas de carga lentas y numerosas, el juego sufre incluso en la versión de Xbox One X donde lo hemos analizado en las zonas de más carga, a pesar de tener unas texturas bastante planas y faltas de detalle. Estamos en una generación donde ya se notan estas ausencia de detalles, y no solo eso, sino que en las animaciones tanto en el combate como en las cinemáticas, parece haber un importante fallo de sincronización que me ha sacado de la experiencia.

Y es una pena, porque el apartado de sonido sí que apuntaba maneras, a no ser que se reparen ciertas partes del audio que van desacompasadas con las imágenes, pero que me deja con una buena sensación en los efectos de sonido y sobre todo en la banda sonora. El juego está traducido al español con voces en inglés, pero tanto los subtítulos, como el texto que indica el objetivo de las misiones debería ajustarse en cuanto a color, fondo y tamaño para poder apreciarlo fácilmente.

En conclusión, todo lo bueno que nos ofrece el juego, se ensombrece con sus ausencias; un mundo casi vacío, fallos en el diseño del combate, las animaciones, las texturas y sobre todo, fallos graves como perder todo nuestro avance por culpa de algún fallo en una misión. Y deja mal sabor de boca, pues el título es de esos que incitan a descubrir nuevos rincones, a saltar, correr (al estilo Naruto, sí), a pelear, pero con todos sus fallos en conjunto echan a perder toda la experiencia positiva.

Da la sensación de que al juego le faltan un par de capas de pintura, ya que parece como si el artista hubiera hecho el boceto inicial y no le hubiera dado los trazos de pintura que harían una buena obra de uno de los géneros que más ha gustado de siempre a los jugadores.

Aún así damos las gracias a Modus por darnos la oportunidad de vivir la experiencia, y esperamos que solucionen la mayor parte de los problemas que presenta el título en su lanzamiento. Ary and the Secret of Season está disponible en Xbox One (39.99€), PS4, Nintendo Switch y PC, y aquí os dejamos el tráiler:

Ary and the Secret of Seasons

39,99€
5.4

Gráficos

5.0/10

Sonido

6.0/10

Diversion/Duración

5.5/10

Historia

6.0/10

Jugabilidad

4.5/10

Pros

  • Historia interesante
  • Jugabilidad única con los poderes estacionales
  • Trae lo bueno del género...

Cons

  • ...Pero parece de pasadas generaciones
  • Graves problemas con bugs
  • Animaciones defectuosas y obsoletas
  • Combate mediocre
  • Elementos del HUD deficientes

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