La recta final de año se convierte en un hervidero de videojuegos que puede contentarnos, pero que acarrea también problemas para la compañía y el usuario.

Muchas quejas se escuchan estos días por Twitter, Facebook y resto de redes sociales sobre un problema que, a priori no puede parecerlo, pero que frustra y limita la experiencia de juego, así como perjudica a las compañías desarrolladoras. Nos referimos al apelotonamiento masivo de videojuegos a finales de año, una estrategia comercial que no siempre consigue los frutos deseados por parte del vendedor, ni del comprador. Evidentemente, es un artículo de opinión y mis conocimientos del marketing son limitados (por no decir nulos), pero estas son mis ideas, y espero leer las vuestras. Motivos hay unos  cuantos, y os dejo en estas líneas los dos que yo considero más importantes.

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Y esto es lo que pasa cuando salen tantos videojuegos estas Navidades.

El primero es, obviamente, el económico. Nadie con un sueldo medio, (ya no hablamos de estudiantes) puede permitirse el lujo de pagar por todas las novedades que aparecen en estas fechas. Sí, existen ofertas como ha sucedido ahora este pasado Black Friday, pero ni con esos descuentos nos podemos permitir comprar todos los títulos lanzados en este último trimestre del año. Sacar un juego, como por ejemplo Far Cry Primal, Doom, The Division, Plants vs. Zombies GW2 o Deus Ex: Mankind Divided en fechas más “tranquilas” supone dos cosas: primero, que nuestros bolsillos puedan respirar tranquilos y sobreponerse del golpe monetario al comprar un videojuego de novedad y segundo, ese juego aparecido en Mayo/Junio/Julio se asegura buenas ventas esos meses, y en las siguientes Navidades una rebaja que vuelven a reactivar las ventas del producto.

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¿Hemos mencionado la cantidad de juegos gratuitos que obtenemos cada mes? Ups…

El segundo problema viene con la abundancia de género, y esta año ha sido más claro que nunca. Call of Duty: Infinite Warfare, Battlefield 1 y Titanfall . Un trío de shooters en primera persona, con una propuesta similar, pero a la vez diferente. Un comprador con un presupuesto limitado tiene que elegir qué juegos le interesan más para que su diversión sea la más satisfactoria, y a no ser que seas un “enfermo de los shooters”, mucha gente apuesta por un título de acción más otro deportivo, o un género diferente para cambiar de aires y no caer en la monotonía de los disparos de forma subjetiva. En este caso, Overwatch ha sido lista y lanzó su juego a finales de Mayo, desentendiéndose de tópicos de fechas y derivados. ¿El resultado? El que todos conocemos. Número uno en ventas porque tuvo toda la atención necesaria, aparte de ser un gran juego, por supuesto.

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Titanfall 2, pese a ser un gran juego, se ha visto mermado por tanto juego del mismo género.

Puede que las compañías tengan que respetar los años fiscales e impongan el lanzamientos de sus títulos en estas fechas, o puede que verdaderamente el beneficio obtenido sea el esperado, aunque dudo que el usuario medio pueda afrontar una oleada de lanzamientos tan masiva como hemos tenido esta recta final de año (y lo que nos espera…) Watch Dogs 2 no ha tenido el éxito esperado, y Titanfall 2 por palabras de sus desarrolladores no ha salido en la fecha correcta. Al final estamos teniendo una bola de juegos que se nos está atragantando cuando el resto de año “pasamos hambre jugona”. ¿Os recuerdo que aun falta por salir Dead Rising 4, The Last Guardian, y Final Fantasy XV? Preparad un vasito de agua para que la bola baje y no nos ahoguemos con todo lo que tenemos que digerir.

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