Un estudio de la Universidad de Flinders, en Australia, afirma que jugar a juegos violentos de manera prolongada antes de dormir afecta negativamente al sueño, restando horas de descanso y produciendo multiples despertares por la noche.

17 adolescentes jugaron durante 50 y 150 minutos antes de dormir durante dos noches, en las que los encargados del estudio registraron, en los adolescentes que jugaron durante dos horas y media, un pérdida máxima de 27 minutos de sueño y un retraso máximo de 39 en dormirse. De igual modo, explican que se produjo una reducción máxima de 12 minutos en la fase REM.

El estudio también señala que los que sólo jugaron 50 minutos no vieron afectados sus hábitos de sueño. Con esto, el estudio busca señalar que a partir de un límite de tiempo, el juego antes de dormir causa efectos adversos en el sueño.

No se hicieron experimentos con juegos no violentos, y se desconocen el grado de habitualidad que tenían los adolescentes con el juego.

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