Aunque parezca mentira, la estética pixel-art ha evolucionado considerablemente, y si no lo crees, lee nuestro análisis de A Pixel Story y sal de dudas.

A veces contemplamos la evolución del videojuego como un entero, sin ver la evolución de las pequeñas piezas del mismo engranaje que nos ha llevado a la actualidad. Una de las pequeñas partes, que ahora está muy de moda precisamente, es la estética pixel-art. Es cierto que podemos estar sobresaturados por la imposición de este recurso, pero pocas veces nos paramos a contemplar el salto evolutivo que ha sufrido este estilo visual con el paso de los años. No pasa nada, aquí llega A Pixel Story de Lamplight Studios para facilitaros la investigación.

A Pixel Story es un juego con gran carácter indie que podríamos catalogar dentro del género de las plataformas. Pese a que su estética inicial, incluso su colorido en las primeras fases puede recordarnos a clásicos como Super Mario Bros., no esperéis un título donde aplastar enemigos o lidiar con final bosses sea la tónica habitual. Nuestro anónimo protagonista, nombrado como “el elegido”, sufrirá los efectos de una disonancia espacio temporal que hará que pase de ser la pelota de “Pong” (si, habéis leído bien), a un humanoide blanco  con el objetivo de arreglar el mundo donde gobierna el malvado “Operator”, que supongo que en español se traducirá como “Operativo”. Y, aunque estemos en un mundo reinado por un antagonista a nuestro héroe, no habrá enemigos “per se”, siendo nuestro único adversario los pinchos, vacíos y terrenos mortales que poblarán las seis fases de las que consta el título.

Cada fase tiene su propia ambientación, aunque todas ellas comparten un gran colorido.

Las apariencias engañan, y A Pixel Story puede jactarse de ello. He de reconocer que los instantes iniciales me parecieron bastante infantiles, con saltos simples y sin más dilación que avanzar hasta llegar al final del escenario. Pero, una vez que consigues el sombrero rojo robado por una gaviota, la cosa cambia. A Pixel Story pasa de ser un juego para el público infantil a un intento de plasmar las mecánicas de Portal en un plataformas en 2D. Tendremos la posibilidad de dejar el gorro en cualquier parte del escenario, continuar nuestra aventura sin él, y cuando lo necesitemos, teletransportarnos al punto donde dejamos el gorro. Esto no acaba aquí, ya que si justo nos teletransportamos saltando, apareceremos donde está nuestro gorro con la trayectoria del salto, o si estamos cayendo a toda velocidad por un precipicio, usando este viaje rápido, seremos teletransportados con la misma trayectoria y rapidez. Con gran maestría, el estudio ha sabido plasmar un concepto muy bueno y que encaja muy bien, donde no sólo tendremos que ser hábiles con los saltos, sino donde tendremos que ser imaginativos a la hora de resolver los diversos puzles que componen la aventura.

Uno de los elementos que más me han sorprendido de A Pixel Story son sus niveles de dificultad camuflados perfectamente en el juego. Finalizar el título puede ser una tarea más o menos sencilla, pero la gracia no reside ahí. Esparcidos por el escenario habrá unos diamantes de colores, que constituyen las memorias, y que supondrá todo un desafío según vayamos avanzando en la aventura. Estos diamantes o bien están escondidos en el escenario, o se nos otorgarán como recompensa cuando ayudemos a los NPC´s que pueblan estos parajes pixelados. Los retos no acaban aquí, ya que gracias al dinero del juego, podremos desbloquear unas puertas que nos darán acceso a desafíos inalcanzables para cualquier mortal, con una dificultad que no tiene nada que envidiar a títulos como Super Meat Boy, por ejemplo. Al final, cada usuario pondrá su propio listón con la dificultad, siendo un título accesible para todo el mundo, aunque sólo unos pocos elegidos podrán hacerse con el 100%.

A medida que avancemos en la aventura, el pixel se volverá más “moderno”

Puede que esta dificultad se vea algo afectada por los saltos de nuestro blanquecino protagonista. Cuando tenemos poco recorrido para “coger carrerilla”, nuestros saltos serán poco naturales. No tenemos vidas, y cuando muramos, apareceremos inmediatamente en el punto de control más cercano, pero se hace algo tedioso repetir una parte de la pantalla que hemos ejecutado bien pero por estos imprevistos a la hora de saltar hayamos metido la pata.

Uno de los factores más importantes de A Pixel Story es el apartado gráfico y ver cómo va evolucionando la estética pixel a medida que vayamos superando las fases. Empezando con apartado visual que bebe de los juegos en 8-bits, poco a poco iremos observando el salto gráfico y los cambios tanto en el protagonista como en los escenarios. Existe una habitación donde descansar tras nuestras pericias, y donde podremos cambiar a nuestro antojo la generación de pixel, resultando muy atractivo contemplar las diferencias entre las diferentes versiones. De menos a más, nos iremos maravillando con las transiciones hasta llegar a una etapa, la actual, con una técnica basada en el pixel que era impensable realizar 10 años atrás, por ejemplo.

A Pixel Story cuenta con varios cameos y bromas a otros juegos de la época. ¿Los reconocéis?

Y, aunque el apartado gráfico es donde más se notan los cambios, el sonido también ofrece un salto generacional. Empezando con unas melodías sencillas y planas, A Pixel Story irá maquillando sus composiciones según avancemos en la historia. Hasta el sonido FX de los saltos o cuando cojamos una moneda se verá alterado según cambiemos de generación. Eso sí, el juego tendrá ausencia completa de voces, y en su contra, encontraremos mogollón de diálogos (demasiados, llegando incluso a molestar) en un completo inglés. Una lástima porque habrá bromas que puede que se caigan en el olvido si no entendemos el idioma original del juego.

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