Disponible desde el pasado 16 de septiembre, Bioshock The Collection compila la célebre trilogía de Irrational Games en un sólo y único pack.

“It always starts with a lighthouse.” “Siempre empieza con un faro”, nos dice Elizabeth en el tráiler de lanzamiento; y no puede tener más razón: fueron las imágenes promocionales de un faro las que hicieron correr el rumor, hace ya más de un año, del posible lanzamiento de una remasterización de la saga Bioshock. Lo recuerdo especialmente bien porque, ese mismo otoño, empecé a echar cuentas con vistas a adquirir dicho remaster en caso de que saliera en navidades como todo parecía indicar. Imaginad pues mi decepción al llegar diciembre y percatarme de que Bioshock The Collection se había quedado en eso: un rumor.

Afortunadamente, el estudio bostoniano Irrational Games cumplió lo prometido a la opinión pública y, tras meses de leaks y rumores varios, Bioshock The Collection (nombre oficial) fue anunciado el pasado 30 de junio. Para aquell@s que no están familiarizados con la saga, basta con decir que ésta, compuesta por Bioshock, Bioshock 2 y Bioshock Infinite, ha marcado un antes y un después en el universo de los shooters en primera persona, y en seguida veremos por qué. Sin embargo, por cuestiones relacionadas con la construcción argumental de la saga y la tecnología empleada en cada uno de los juegos, vamos a analizar, por un lado, Bioshock y Bioshock 2, y, por otro, Bioshock Infinite. Sin más dilaciones, sumerjámonos en las turbias aguas de Rapture.

 Bioshock & Bioshock 2: “I chose the impossible; I chose Rapture.”

Todo el que lo haya jugado lo sabe: Bioshock es un grandísimo juego. Tanto el primero, salido en 2007, como el segundo, salido en 2010, destacaron en su momento por su originalidad, estilo visual y atmósfera lúgubre y misteriosa. Sin incurrir en ningún tipo de spoiler, puedo deciros que los dos primeros Bioshock están ambientados en la década de los sesenta. En plena guerra fría, un magnate llamado Andrew Ryan (al que acabo de citar en el subtítulo) ha decidido abstraerse del resto del mundo y, al hacerlo, llevarse consigo a los científicos más brillantes, los empresarios más audaces y los artistas más virtuosos. Así pues, con el objetivo de huir de gobiernos, agencias y reguladores, Ryan funda un nuevo paraíso en las profundidades del océano pacífico, más allá de toda jurisdicción o autoridad. Así, nace Rapture, una urbe submarina destinada a albergar los mayores avances científicos y creaciones artísticas.

"No era imposible construir Rapture en el fondo del océano: era imposible construir Rapture en cualquier otro lugar." Andrew Ryan
“No era imposible construir Rapture en el fondo del océano: era imposible construir Rapture en cualquier otro lugar.” Andrew Ryan

Es pues en la joya subacuática de Andrew Ryan donde se desarrolla la acción de los dos primeros juegos. Sin ahondar demasiado en los detalles, ambos exploran, a través de distintos ángulos y perspectivas, temáticas tales como la bioética, la perfección, el individualismo, la locura y la moralidad, obligando al jugador a tomar decisiones que tienen un impacto real sobre los posibles finales de cada aventura. Lógicamente, ambas están conectadas entre sí de forma íntima, y no os aconsejo jugaros el segundo sin haber superado el primero, lo que, como veremos, no ocurre con Bioshock Infinite.

Rapture es una cuidad llena de misterios, y el juego os invita pues a explorar cada uno de sus rincones, puesto que cada uno de ellos tiene una historia que contar. Inspirada en las películas de Hitchcock, la trama de los dos primeros Bioshock va bien cargada de suspense, intrigas, acción y algún que otro susto. Realmente apasionante, la historia principal del juego os atrapará desde el primer momento y nos os soltará hasta el final, que, como ya he dicho, depende en gran parte de las decisiones que hayáis tomado a lo largo de la aventura. Contad pues unas doce horas por juego, más el contenido adicional incluido en la colección: las salas de desafío (Bioshock) y el DLC “La Guarida de Minerva” (Bioshock 2). Amantes del thriller y el misterio, no busquéis más: éste es vuestro juego.

Gráficos

Tanto Bioshock como Bioshock 2 emplean una versión adaptada y mejorada del Unreal Engine 2 (sí, sí; del 2). Que no os alarme el hecho de que el motor gráfico tenga quince años: el trabajo de remasterización hecho por Blind Squirrel Games permite a ambos juegos lucir bastante bien con los estándares actuales. La resolución de las texturas ha sido aumentada y la iluminación global se ha visto mejorada de forma sustancial. Tal y como se nos prometió, ambos corren a 1080p y 60 fps. Sin embargo, la experiencia de juego se ve ligeramente perturbada por toda una serie de bugs y errores que parecen haber migrado desde la versión original de Xbox 360. Por otra parte, la tasa de fotogramas por segundo no es todo lo estable que debería, habida cuenta de que se trata de un juego de 2007 corriendo en una consola de 2014. Finalmente, el filtro anisotrópico empleado en le versión para consolas deja bastante que desear, lo que repercute negativamente en la calidad de las texturas lejanas. Afortunadamente, 2K, el editor del juego, ya ha prometido un parche que, en cuestión de unas semanas, debería solucionar todos estos problemas.

"Ni reyes ni dioses. Sólo el hombre."
“Ni reyes ni dioses. Sólo el hombre.”

Más allá de cuestiones puramente técnicas, no se puede negar que el estilo visual que impregna toda Rapture es realmente cautivador. La arquitectura de la urbe es una perfecta mezcla entre la arquitectura monumental de una hipotética Atlántida y el estilo Art déco propio de tantos y tantos rascacielos neoyorquinos. Esto, sumado a una iluminación parca y a un campo de visión reducido, crean una atmósfera inquietante que asegura la inmersión total del jugador (y nunca mejor dicho).

Jugabilidad

Ambos títulos están basados en el mismo sistema de juego: un shooter en primera persona con aspectos de personalización y mejora propios de un RPG. Pese a que nos hay gestión del inventario como tal, el acceso a máquinas de venta automatizadas, repartidas por la ciudad, nos permite gestionar las mejoras para nuestras armas y habilidades. Todos nuestros ataques se pueden agrupar en dos grandes bloques: las armas (tanto de fuego como de cuerpo a cuerpo) y los plásmidos, una serie de habilidades y efectos especiales que van desde prender fuego a enemigos con un simple chasquido a lanzarles objetos contundentes gracias a la telequinesia. Tal y como hemos visto, tanto las armas como los plásmidos se pueden ir mejorando a medida que se avanza en el juego y se adquiere experiencia.

Sin duda muy innovador en la época, hay que reconocer que el gameplay de base ha envejecido un poco y le resultará algo rígido a cualquiera que esté acostumbrado a shooters más actuales como Call of Duty u Overwatch. (Por poner un ejemplo concreto, al principio, me costó un poco adaptarme a la imposibilidad de esprintar, sobre todo en los combates más intensos). Finalmente, me gustaría señalar que la dificultad global del título es bastante elevada, así que, si se trata de vuestro primer recorrido, os recomiendo que limitéis la dificultad a “normal”, siendo “difícil” bastante frustrante y “superviviente” un auténtico suicidio según mi propia experiencia.

Audio

El apartado sonoro de los dos primeros juegos es sencillamente excelente. Por un lado, Bioshock y Bioshock 2 disponen de una sublime banda sonora que refuerza aún más la inmersión del jugador y cuyas diferentes pistas se adaptan perfectamente a cada lugar y situación. Por último, señalar que el juego dispone de un doblaje al castellano completo y de gran calidad. Sin embargo, y a riesgo de hacer más de un enemigo, debo recomendaros las voces originales en inglés sobre el doblaje español, siendo las primeras bastante más fieles a los personajes principales del juego.

Bioshock Infinite: “There´s always a lighthouse, a man, a city.”

Mi primera experiencia con Bioshock Infinite, salido en 2013, fue hace ya más de dos años: aprovechando las tan conocidas rebajas navideñas de Steam, decidí hacerme con el título, más por curiosidad que por auténtico convencimiento. Nunca había probado un juego de la serie Bioshock y, por ahondar aún más en la metáfora, digamos que me tiré a la piscina sin mirar si estaba llena. Pero lo estaba; vaya que si lo estaba. La mayoría de videojuegos que he jugado en mi vida (y son unos cuantos) no me han marcado especialmente. Me han divertido, por supuesto, emocionado o intrigado momentáneamente, pero nada más allá del instante en el que soltaba el mando.

Pero con Bioshock Infinite, tal y como me pasó con The Last Of Us (es de la competencia, pero os lo recomiendo sin lugar a dudas), fue diferente. Irrational Games, cuyo director creativo era, por aquel entonces, el brillante Ken Levine, logró crear una auténtica obra maestra del videojuego, si es que tal cosa existe. Hablo con total honestidad cuando os digo que no soy capaz de verle un solo aspecto negativo al juego. Esto no significa que sea perfecto ni mucho menos, tal y como veremos más adelante, pero sus fallas son absolutamente insignificantes en comparación con el resto de la experiencia.

Pero no adelantamos acontecimientos: corre el año 1912. En los albores del nuevo siglo, Booker De Witt, veterano del regimiento norteamericano de caballería, acepta un misterioso trabajo para saldar sus deudas. Esta misión le lleva a la ciudad volante de Columbia, una urbe flotante entre cuyas nubes y edificios se esconden muchos secretos. De Witt emprende pues el que será el trabajo de su vida con un único objetivo: rescatar a Elizabeth, una misteriosa joven cautiva desde su nacimiento en las alturas de Columbia.

Booker y Elizabeth conforman una pareja bastante peculiar.
Booker y Elizabeth conforman una pareja bastante peculiar.

De nuevo, no ofreceré más detalles sobre la historia principal para evitaros posibles spoilers, pero bastará con decir que Bioshock Infinite ofrece una aventura profunda y apasionante plagada de acción y drama sin por ello tonarse sombría. El juego explora temáticas relacionadas con el fanatismo religioso, la redención, el racismo e incluso la física cuántica, al más puro estilo Quantum Break. La escritura de los personajes es sencillamente fantástica y abarca desde el fundamentalismo cristiano del padre Comstock, fundador de Columbia, pasando por el radicalismo revolucionario de Fizroy hasta la delirante brillantez de los hermanos Lutece. Todo esto sin dejar de lado al fantástico binomio formado por Booker y Elizabeth, cuya relación se intensifica a lo largo del juego sin dejar de sorprendernos en ningún momento (no puedo evitar hacer, nuevamente, un paralelismo con The Last Of Us y la relación entre Joel y Ellie). Resumiendo, la trama de Bioshock Infinite es sencillamente sensacional y, en mi opinión, no tiene nada que envidiar a las mejores producciones de Hollywood.

Gráficos

Rapture era preciosa; Columbia es espléndida. Gracias a las posibilidades que les ofrecía el Unreal Engine 3 (ya era hora de actualizarse), los programadores de Irrational Games lograron crear una ciudad inmensa, viva y colorida. La mayor luminosidad y apertura del terreno de juego nos deleitan con decenas de panorámicas visualmente impactantes incluso con los estándares actuales. El juego luce increíblemente bien a 1080p frente a los 720p de la versión para Xbox 360, y el filtro anisotrópico empleado es bastante más eficaz (curiosamente, la versión para PS4, por razones que desconozco, carece de dicho filtro). Para dar una referencia, es el equivalente de la versión para PC con las opciones gráficas prácticamente al máximo. Sin embargo, un detalle me hizo fruncir el ceño a los pocos minutos de empezar el juego: el rendimiento.

Columbia, una ciudad con personalidad propia.
Columbia, una ciudad con personalidad propia.

Por lo que parece, Bioshock Infinite es un simple port de la versión para PC, y como tal, arrastra los mismos problemas de rendimiento. En primer lugar, la tasa de fotogramas por segundo es bastante inestable, y tiene tendencia a caer de forma significativa incluso cuando no hay nada interesante en pantalla. Si bien esto puede resultar molesto, personalmente, me fastidian bastante más los distintos “parones” del juego al pasar de una zona a otra. En algunos instantes, la imagen simplemente se congela unos segundos al acceder a una nuevo área del mapa. Remitiéndome, como siempre hago, a nuestros compañeros de Digital Foundry, esto parece deberse a un fallo en el sistema de carga de archivos del Unreal Engine 3, que tiene dificultades para cargar de forma rápida grandes volúmenes de datos. Aunque, a fin de cuentas, no es ningún drama, uno no puede evitar preguntarse por qué no se ha solucionado un problema conocido desde la salida del juego, hace ya más de tres años.

Finalmente, dejando de lado el aspecto técnico, hay que reconocer que el estilo visual del juego es fantástico y que Columbia no tiene nada que envidiarle a Rapture. La ciudad de las nubes constituye un terreno de juego tan bueno como la urbe subacuática y contribuye de forma muy positiva a la inmersión del jugador.

Jugabilidad

En lo que respecta al gameplay, los miembros de Irrational Games tuvieron la inteligencia de conservar los elementos de base que funcionaron en los anteriores Bioshock (el dúo armas/plásmidos básicamente) y, al mismo tiempo, actualizar aquellos que se habían quedado obsoletos. Así, Bioshock Infinite sigue siendo un shooter en primera persona con elementos de RPG (las mejoras de armas y habilidades siguen estando presentes), pero ofrece un mayor abanico de posibilidades tanto en combate como durante las fases de exploración.

Contrariamente a los juegos anteriores, Bioshock Infinite, permite usar de forma simultánea un vigorizador y un arma.
Contrariamente a los juegos anteriores, Bioshock Infinite, permite usar de forma simultánea un vigorizador y un arma de fuego.

Además de añadir nuevas armas y vigorizadores (equivalente de los plásmidos en Bioshock Infinite) con respecto a los títulos originales, el juego permite ahora moverse con mayor rapidez gracias a dos elementos clave: la función de esprintar, cuya ausencia me perturbaba bastante en Bioshock 1 y 2, y el gancho de aerocarril, una herramienta que nos permite desplazarnos sobre el suelo gracias a unos carriles dispuestos por toda Columbia. Los combates se sienten pues mucho más dinámicos y suman una dimensión vertical ausente en los juegos anteriores. Esto, sumado a una mayor variedad de enemigos y a la posibilidad de efectuar ataques cuerpo a cuerpo, hace de Bioshock Infinite un shooter realmente frenético.

Finalmente, cabe destacar que la dificultad global del título es mucho más razonable, e invito pues a los aficionados a los shooters a aventurarse en el modo “díficil”, que, a mi parecer, ofrece un desafío bastante más estimulante.

Audio

El apartado sonoro es igual de excelente que en Bioshock 1 y 2: la banda sonora sigue siendo sublime y el doblaje al castellano es todavía mejor si cabe, con la actriz María Blanco demostrando todo su talento al dar voz a Elizabeth. Sin embargo, tal y como ocurre con los títulos precedentes, debo insistir en que lo juguéis en versión original si os es posible. Entre otras cosas, porque la voz inglesa de Booker De Witt no es otra que la de Troy Baker, al que conocemos por su increíble interpretación de Joel en The Last Of Us (última referencia, lo prometo).

Conclusión Final: “We swim in different oceans but land on the same shore.”

Todas estas páginas de análisis detallados pueden resumirse en una frase: Bioshock The Collection es la mejor forma de descubrir una saga que ha marcado una antes y un después en el género de los shooters y que sin duda merece un lugar en los anales del videojuego. Ya sea en las profundidades de Rapture o en las alturas de Columbia, Bioshock es un juego extraordinario por decenas de motivos, así que puedes escoger el que más te guste a la hora de comprarlo. Por 50 euros, Bioshock The Collection te ofrece las tres aventuras completas totalmente remasterizadas, así como todos los DLC´s salidos para los tres juegos, incluyendo los dos episodios de “Panteón Marino” para Bioshock Infinite, que aportan una conclusión definitiva a esta fantástica saga. Entre todos, más de cincuenta horas de diversión aseguradas por un precio menor al de un juego triple A actual.

“Nadamos en distintas aguas pero llegamos a la misma costa”. Son juegos distintos, pero todos te acaban llevando al mismo sitio. Son distintas aventuras, pero todas te conducen por el mismo sendero. Siempre empiezan con un faro… Ahora te toca a ti descubrir como acaban.

(PD: Si os interesara leer un pequeño artículo de investigación sobre curiosidades de la saga Bioshock, tengo bastante información sobre el desarrollo del juego y anécdotas divertidas, así que podéis dejar un comentario aquí abajo y, si hay interés, lo escribiré y lo colgaré en un par de semanas.)

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